CASABLANCA

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“Un sol meloso de poniente se dormía a sus espaldas cuando en la radio, sorpresivamente, comenzó a sonar “As time goes by”…”

Había cruzado el charco por primera vez en su vida, ilusionado de poder pisar la tierra de los talayotes. El joven escritor, por ese tiempo, recorría el país tratando de hacerse un hueco entre las letras de su época, dándose a conocer con modestas presencias en toda la geografía que le era posible visitar, junto a unos amigos que, ayudándole en su promoción, a la vez disfrutaban de un viaje excitante.

Siempre supo que al pisar las “Islas Gimnesias”, así llamadas en la antigüedad por la ostentosa desnudez de sus milicias locales de “honderos”, lo primero que habría de hacer y sin excusa, sería  visitar un viejo monasterio cartujano, en un pequeño pueblo al abrigo de una sierra ventosa.

Hasta aquel lugar, había llegado antaño un gran músico polaco con la equivocada esperanza de que, por su situación, podría curar su delicado estado de salud, que no hizo sino que empeorar con el húmedo clima, muriendo a la postre de la “enfermedad de los románticos”, la tuberculosis, en esa época.

Ilusionado con que le pudieran llegar efluvios inspiradores del mágico pianista, si así fuera, daría por buena la visita, tan solo imaginando al genio polaco al piano interpretando en una noche de tormenta su preludio de “La gota de agua” y a su amante, una destacada escritora parisina, en excitada contemplación.

Ya de noche, de vuelta, en el centro de la hermosa “judería” de la vieja capital isleña, tras andar empedradas y afaroladas calles de piedra e historia rezumante, daría con un pequeño hostal asequible para el escaso tiempo de estancia que podrían permitirse.

Tras acomodar su escueto equipaje en las modestas habitaciones, se dispondrían a bajar con la intención de cenar algo, necesidad ya imperiosa después de los largos paseos por la vieja cartuja, tan gratificante como agotadores.

El comedor del hostal era sencillo, pero de ambiente claro y acogedor. Rodeado de cristaleras y algún espejo, que más que de ver a su través, reflejaban a cuantos, en cualquier posición, pudieran encontrarse logrando un ambiente multiplicador.

Sentado a la mesa, observaría sorprendido en la cristalera a su frente,  el rostro reflejado de una curiosa joven, casi todavía una niña que, inmóvil, no dejaba de observarle.

Su cara pequeña enmarcada por un pelo lacio que apenas llegaba a sus hombros, realzaban unos ojos almendrados de un azul imposible y, que sin pretenderlo, podían llamar la atención al más ausente de los presentes.

Junto a ella, otra muchacha aparentemente algo mayor y probablemente ambas hijas de los propietarios, a las que alguien llamó desde el interior, pidiéndoles que atendieran a los recién llegados.

La más pequeña, acercándose seria y circunspecta hasta el joven y sus acompañantes, a la vez que lo miraba sin pestañear, sugirió nerviosa el menú disponible a esas horas.

Así se sucedían aquellos breves días y, en los momentos en que llegaban para almorzar, siempre, la “niña-mujer” allí estaba de tal forma que, se acomodara el joven escritor en la posición que fuera, frente a él, reflejada en los cristales circundantes, se encontraría con su observadora cara menuda, pero tremendamente, cada vez más atractiva.

En tal escaso tiempo se harían amigos de los propietarios del hostal, tanto que cuando había ocasión y tiempo, salían con ellos alguna tarde acompañados de sus hijas y amigas, a pasear por el centro histórico que tanto les emocionaba, a la vez que atendían sus explicaciones de cuanto descubrían de interés, que prácticamente era todo y de sorprendente belleza.

Casco viejo-1Ni en esos instantes de paseo, podía evitar la constante mirada de la niña “azul”, que con semblante serio, no dejaba de observarlo con tal admiración especial que, el propio muchacho sin acertar a entenderlo, no podía ser ajeno a ello.

Una de esas tardes libre de quehaceres, decidieron ir a un cine cercano, al estreno de una interesante película. Al comentarlo en el hostal, las chicas excitadas, rogaron poder ir con ellos y alguna amiga más y, tras pedir permiso a sus padres dada la franca amistad surgida con los jóvenes, se les concedería.

Camino del local de la proyección, mientras atravesaban una hermosa y vieja plaza, tras una empinada cuesta empedrada, aquel muchacho notó como a su lado caminaba la pequeña de ojos de “azulete”, que bien se cuidaba de no tropezar, mientras no apartaba su mirada del joven y, en algunos momentos, hacer encontradizas sus manos mientras caminaban, en un juego tan mágico como inesperado, que sin pretenderlo, levantaba emociones.

Durante la película, el joven escritor en ciernes, percibió que la niña-mujer acomodada junto a él, más pendiente estaba de observarle que de la trama que se desarrollaba en la proyección. En un momento sus pequeñas manos, disimuladamente, buscaron las del joven, dejándolas caer sobre ellas. Mientras, sin apartar sus ojos, lo miraba encandilada.

Entre la poca luz del local y, al notar el sedoso contacto, él joven busco sus ojos decididamente, encontrándolos serenos y embelesados en su cara. Toda ella se le antojó como un objeto de cristal tan maravilloso como frágil, en una situación jamás experimentada.

En ese momento y, mientras se miraban anclados el uno en el otro, ella alzó su cara hasta la de su joven amigo mostrando, indefectiblemente, un deseo inequívoco. Apenas bastó una pequeña y disimulada inclinación de ambos y sus labios se juntaron provocando eclosiones de sentimientos tan desconocidos, como dispares para ambos.

Para ella, sin duda, el primer beso de su vida que la marcaría para siempre. Para él, un viaje a lo desconocido, un mundo de ternura tan impensable como imposible.

Tras ese momento, la niña-mujer, apoyó un instante su cabeza en el hombro del joven a la vez que, con los ojos cerrados, esbozaba una sonrisa de felicidad. Él no sabía bien lo que había ocurrido y, su mente en encendida confusión, dejó espacio para entender la belleza de lo quimérico, más propio de sus elucubraciones literarias, que de sus experiencias vividas.

Dos días después, habrían de separarse ineludiblemente, con la marcha de los jóvenes.

En el modesto bar frente a la terminal del puerto donde el viejo ferry anunciaba la proximidad de su salida, la niña-mujer sollozante,  abrazándolo, se apretaba a su cuerpo con los ojos en lágrimas, como si la vida se le escapara.

Su amigo acariciaba sus mejillas a la vez que secando su llanto, trataba de contener un sentimiento desconocido mientras, que con mirada acuosa, contemplaba tanta delicada e imposible belleza.

Una vez a bordo junto a sus acompañantes, solo en la popa del barco, desde donde todavía se podía ver el agitar de sus manos, el muchacho no se detenía en buscarla en la lejanía hasta que, desdibujada por la distancia, quedó pensativo con su atención sobre la estela de las hélices. Al poco de salir de la hermosa bahía, la nave viraría hacia el oeste, alejándolos para siempre.

Habían transcurrido casi cincuenta años de aquella historia mientras el joven de esos días, ahora un hombre maduro, conducía evocando aquellos tiempos de mocedad, sin saber porqué, a la vista de un mar tranquilo, espejado.

Un  meloso sol de poniente se dormía a sus espaldas cuando en la radio, sorpresivamente, comenzó a sonar “As time goes by, una de sus debilidades musicales.

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Recién salido de aquel recuerdo de la niña-mujer y aquella separación, llegaría a su memoria la exquisita “Casablanca”  con las últimas palabras entre Rick e Ilsa, en la despedida más breve y melancólica jamás conocida.

Ilsa: Pero… ¿y nosotros?

Rick: Siempre nos quedará París…

Aquel hombre, que jamás había estado en París, en ese instante entendió el sentido de la generosidad cuando llega el final inevitable, allí donde fuera.

Que cuando se ha vivido una hermosa historia compartida y, en la que por poco que sucediera, se entregó lo mejor y más inocente de cada uno, por mucho que las despedidas se eternicen y, aún quedando algo por decirse, ese tiempo, esos sentimientos vividos, aunque el destino los separara, quedarían para la eternidad.

Volviendo al recuerdo del viaje de su juventud, se le antojó imaginar cómo hubieran sido sus últimas palabras, remedando a los amantes de la ficción, en el pequeño bar del muelle.

– Y ahora… ¿que será de nosotros?

– Siempre nos quedará el beso en aquel cine…, donde la única película que se proyectaba era tu hermosa mirada.


*Música: “As Time Goes By” de la película “Casablanca” (1942) · Itzhak Perlman · Herman Hupfeld · John Williams · Boston Pops Orchestra.

11 comentarios en “CASABLANCA

  1. Bnita historia. Además acompañada de tan exquisita música me ha hecho pasar un breve, pero más que necesario , momento de evasión en estos tiempos tan agitados. gracias por estos retazos de letras y recibe un fuerte abrazo, Pepe.

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  2. Siempre nos quedará aquello con lo que soñamos. Y en el sueño sí que hemos estado. A través de una mirada, de un abrazo o de una caricia a través de la mejor película que queramos imaginar. Precioso relato con la mejor de las músicas. Un abrazo.

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  3. Cuán válida y cuánto de agradecer una historia tan sutil y romántica como es este bonito relato, máxime en momentos tan convulsos e inciertos que nos está tocando vivir.
    CASABLANCA siempre ha sido y será una película mítica e insustituible para mí, y pienso que también para mucha gente, y lo digo porque este relato escenifica y conecta los únicos dos mundos posibles de nuestra existencia: Uno de fantasía e ilusión con otro real y existencial. O dicho de otra manera, NOS HACE PARTÍCIPES DE FANTASÍAS Y NOS FANTASEA LA REALIDAD, que tanto necesitamos y añoramos.
    Es un relato lleno de sentimiento y romanticismo cómo siempre nos ha inundado a TODOS, sin excepción, cuando pudimos VIVIR nuestro primer beso, lleno de ensueño y melancolía.
    El mérito de esta historia, de este relato, es conectar y amasar SENTIMIENTO con FANTASÍA.
    Gracias por procurarnos un halo de aire fresco DESCONTAMINADO en esta época tan enreversada y convulsa.

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  4. Lugares, acompañantes y ficciones, no son otra cosa que el vehículo del que los autores se sirven, para comunicar la esencia de su mensaje, no otro, que la vida, aunque de forma extemporánea, puede ofrecerte lo mejor para los sentidos, experiencias insólitas, compartidas, a veces reales e imborrable en el tiempo. Los detalles son accesorios.
    Gracias. Me alegro de que te gustara.

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    • Una sonrisa una mirada , una voz, pueden cambiar tantas cosas.
      Esta relato que todos pasamos en un instante de nuestras vidas , para muchos pasa, a otros les queda para Siempre.
      Bonita Historia y un Buen Relato para imaginarnos en una noche estrellada y El cantando *She’s The One*.
      Gracias por esta historia , tan romántica, donde participamos todos los que amamos tus Relatos . 💚

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      • No todos sentimos lo mismo ,
        No todos lo vivimos igual.
        No todos nos acordamos.
        Pero quién lo siente lo vive y se acuerda , es piel con piel.
        El primer beso.

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    • Las personas sensibles y generosas, no pueden escapar siempre de ciertos estados melancólicos y, si mi modesto relato pudo acompañarte durante algún instante y distraer tu atención, me doy por satisfecho. Siempre quedará en cualquiera de nosotros, la belleza de un recuerdo, que nos arrancará una sonrisa.
      Gracias por leerme, querida amiga.

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      • Gracias Pepe, mi sensibilidad está a flor de piel y ahora cada palabra, cada gesto me llega más, no puedo evitar alguna lágrima de vez en cuando, este maldito virus nos tiene muy tocados, a unos el alma y a otros el pulmón.
        Cuídate mucho🌹

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