“EN EL PRINCIPIO…”

Amanecer soleado-5-Recortada


“…Encendí, entre miles, la estrella que hoy te alumbra y dispuse que todo girara a su alrededor, creando el día a su luz y la noche estrellada en su ausencia…”

Habían pasado interminables días de viento, frío y lluvia. La espera del cambio del tiempo, se traduciría en un estado de ansiedad, la necesidad de un respiro para escapar de aquellos periodos grises que no hacían otra cosa que sumirlo en un estado depresivo, del que solo la luz podría redimirlo.

Aquella mañana, por fin, despertó pletórica y llena de vida, rescatando sensaciones e invitando a vivirlas.

Tras el amanecer prometedor, se dirigió al viejo puerto, donde desperezó a su velero, que al oír pasos en cubierta, se excitaría gozoso, viéndose alistar para la navegación.

Preparadas las velas para su posterior izado, embocarían a motor la salida del refugio dejando atrás el viejo faro del final del muelle y, aproando el barco al viento, levantó la mayor. Tras esta, la vela de proa.

Henchidas ambas y en sintonía, escoraron levemente el casco a sotavento, en virtud de la suave brisa de noreste que permitía navegar hacia levante, dejando poco a poco la costa en busca de un horizonte sobre el que el sol, tangente a esa hora, parecía flotar.

La mañana había reventado con tal belleza que, tras las inacabables oscuras jornadas, le parecía asomarse a un paraíso tan ignoto como deseado. Sentado a barlovento, a popa de la embarcación como si fuera su primera singladura, solo tenía ojos para tanta belleza en su derredor.

Mirando a tierra, esta, iluminada ya por el astro saliente, aparecía engalanada de matices. Desde la marfilada y arenosa ribera, hasta los diferentes ocres de las tierras de labor, aderezadas de impresionistas pinceladas de multicolores cultivos, que enriquecían el espectáculo. Al fondo, el azulado de las lejanas montañas de las sierras al norte y poniente, se erigían custodias del entorno privilegiado de aquellas tierras del sur.

Hacia el horizonte, la tranquila y hermosa mar del soleado día, no hacía más que recordarle su pequeñez ante la gran obra de la naturaleza. Quería asirla si pudiera en su imaginación, para no dejarla escapar nunca de su lado, mientras se preguntaba por “la creación” y la génesis imposible de tanta belleza y heterogeneidad.

Mirando por sotavento, la aleta del barco parecía sonreír al viejo patrón con la misma alegría que, cuando sales con el pequeño perro a pasear, lo agradece con saltos tan alegres como agradecidos.

Velero-5-Recortada

Así, la roda del velero abriéndose camino en la tranquila superficie, salpicaba gozosa el casco, feliz del reencuentro con quien había compartido tantas veces navegación y aventuras, tatuadas a lo largo de su línea de flotación.

Las velas, portando en perfecta armonía, blanqueaban sobre el lienzo azulado de un mar imposible, enjaezadas como yeguas gozosas de una “biga romana” al tiro del orgulloso y masculino mástil, haciendo deslizar el barco mientras rielaban reflejadas, en el espejo de una mar de bruñida plata.

Creciendo la temperatura ambiente, a la par que el sol se deshacía del horizonte, la contemplación de aquella mañana y todo su entorno, exacerbaba por momentos la conciencia del piloto, que empezaría a preguntarse por el responsable de tamaña obra.

¡Seis días…! se decía así mismo, como justificaba el libro sagrado el esfuerzo de la creación, además de un orden explicito en su ejecución, hasta llegar al hombre, fin y sujeto de su destino.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl velero deslizándose como un autómata, se mecía suave mientras por momentos la mañana se hacía más cálida y apacible. Prosiguiendo su rumbo hacia el este, el viejo patrón, centrado en sus elucubraciones, fue perdiendo la conciencia, cayendo adormilado sobre los pasamanos y candeleros de la borda, enredado entre sus pensamientos y preguntas sin respuesta.

De repente, una voz irrumpió el ligero sueño, despertando su atención con un tono sin dimensiones, ni dirección, pero tan envolvente, que pareciera encontrarse en el centro de “todo”, en su origen.

– ¡No, no fue así…! – pudo escuchar a alguien que, con empeño y cierta autoridad, parecía querer aclarar sus pensamientos.

… ¡No fueron seis días, ni hubo descanso alguno al séptimo…! – sentenció

Más estremecido que curioso, mirando a su alrededor sin encontrar a nadie, se preguntó en voz alta:

– ¿Quién eres…, que quieres de mi…, de que me hablas…?

– No temas, no vengo a asustarte. Tu contemplación de mi obra, me hizo acercarme, nada habitual, y poner en orden tus dudas, aunque de cualquier forma, ya es la hora para alumbrar definitivamente tus incertidumbres.

– Pero… ¿quién eres? ¿dónde estás…?

– Yo simplemente, Soy. Aquel sin principio ni fin. El Todo indestructible, que nadie creó. La Energía misma.

– ¿Cuánto me rodea…? – preguntó el hombre.

– Si. Parte de mi voluntad y capacidad transformadora.

Perplejo, miró a su alrededor y tras no ver ni mar, tierra ni nada en su proximidad, buscó sus manos, su cuerpo y, sin poder encontrarse así mismo, se vio en un medio ingrávido e inmaterial, donde solo su espíritu y aquella voz lo eran todo.

Mar en soledad-2-Recortada

Sin saber porqué, más tranquilo e inusitadamente confiado, se dispuso al dialogo.

– Entonces… ¿aquello de los seis días y el orden de la creación…?

– Fruto de vuestra conveniencia manipuladora, nada podíais saber por mi…

– Y… ¿cómo fue entonces? ¿en qué tiempo llevaste a cabo esta obra, que culminaste con el hombre… ¿ese era tu fin…?

– No, no…, todo en Mi es el momento, yo soy el Instante y el concepto  “tiempo” solo es propio de vuestra evolucionada condición .

… Escucha…, – prosiguió la voz -, hasta el Todo, es generoso para sí mismo, liberando parte de su poder, transformándolo y siendo capaz de contemplar satisfecho el efecto de su voluntad provocadora.

… No hubo un “tiempo” para la “creación”, Yo soy el Tiempo.

– Entonces en el “Principio…”, no hiciste el cielo y la tierra…?

– No, no. No hubo Principio…, ni un primer ni ultimo día. Fue la voluntad del Instante, la mía, única e intemporal acción. Pero te lo explicaré en un orden “cuantificado” para tu entendimiento.

– Escucha, fue así…

… El Todo, la Energía, el poder de transformación de mi fuerza concentrada, indestructible, pero con facultad dispersadora de partes de Mi mismo, fue la única génesis de la creación de este particular mundo y su orden por ti conocido.

– ¿Y cómo ocurrió…? – Preguntó el hombre prendido en la curiosidad.

La tierra-3-Recortada

– En el Instante. Desprendiéndome de ínfima parte de mi poder, creé un Cosmos y, para su potencial progreso a la vez, la figura de la “hembra”, causa futura de la vida y vuestra capacidad evolutiva.

… Tanto me complací en ella y en su diseño, que me pregunté ¿Cómo hermosear la que seria soberana de mi energía liberada, de vuestra naturaleza?

… Tal necesidad me llevo a, desprendiéndome de otra mínima parte de Mi, conformar los colores. Ocres, marfiles, ámbar,  azabaches y esmeraldas…, de los que tomaría sus tonalidades. Faltándome matices por su hermosa complejidad, me dije, sean la fresca hierba verde, el mar y el cielo con sus azules y grises, quienes terminen de engalanar su físico y componer su ajuar.

… Y completé mi obra conformando la Tierra, su hábitat. Dispuse el orden y sitio natural de cada elemento y, tras vestir su sedosa piel, levanté el arcoíris, dotando con su diversidad cromática, sus ojos y cabello. Después, multipliqué su figura en el nuevo Cosmos, todo en el instante de mi voluntad.

Embelesado en el relato, el hombre, se atrevió a preguntar.

– Entonces… ¿Y el hombre…?

– ¡Ah el hombre…! – exclamó la voz.

… Recreándome en mi obra – prosiguió-, pensé en su complemento necesario e hice al “macho”, a quien encomendé su guarda y cuido, pues de ella continuaría la vida y se multiplicarían cada especie.

También lo engalané y los igualé en número, dispersándolos entre la naturaleza creada, para que evolucionaran en diversidad y, fíjate de esta capacidad de mi obra, que hoy sois entre tantos seres, “mujer” y “hombre”, capaces de vuestro propio destino.

– ¿Y el cielo, las estrellas…, el firmamento? – de nuevo preguntaría curioso.

Firmamento-2

… Encendí, entre miles, la estrella que hoy te alumbra y dispuse que todo girara a su alrededor, creando el día a su luz y la noche estrellada en su ausencia, que determinarían vuestros tiempos de trabajo y descanso, así como una luna, tan tentadora como lujuriosa, a vuestro servicio más intimo.

Y os culminé, dándoos almas tan sencillas y humildes, como hábiles y espabiladas, recomendándoos la bondad y la conservación del Cosmos dado, como único quehacer.

– ¿Entonces, la manzana…, la maldición en el paraíso…?

– No, no. Os di el don del amor y el gozo a vuestro albedrío y no puse más límites que vuestras entregadas voluntades, ni más moral que la razón natural, que desarrollaríais en forma de conciencia capaz de discernir entre el bien y el mal.

… Nada ni nadie fue penado por Mi, porque sobre todo ello, os concedí lo más sagrado, la libertad y la capacidad de errar y rectificar.

– ¿Todo eso en un día…? – volvería a preguntar el hombre incrédulo.

– No, no. Solo en un instante de mi  voluntad. El concepto “temporal”, ya te expliqué, solo existe para lo por mi creado.

– Entonces, si en ti no hubo Principio, si hay un final, está en nosotros ¿verdad? ¿Por eso estas aquí, hoy conmigo…? – terminó preguntando a la vez que entendía el momento que vivía.

– Si, hay un final. Cada parte de vuestra energía recibida, estableció un orden en vuestros días, pero una entropía tan creciente como inevitable, os irá restando capacidad, llevándoos al desorden y hasta la decrepitud.

… En esta hora, la del “conocimiento último”, sois dados al propio juicio de vuestra vida, una mirada introspectiva propia del discurrir del camino andado.

– Es mi “tiempo” ¿verdad?

– Me acercaba a ti, cuando bendecías mi obra y, si, es tu momento para el saber definitivo, para resolver tus dudas, para los reencuentros soñados.

Por un momento el hombre quedo aturdido y en silencio. De repente, notó de nuevo la desaparecida brisa refrescar su cara y, saliendo del sopor y de la ensoñación, se encontró de nuevo sobre el velero, que con empeñado rumbo, parecía llevarlo a un destino final, mucho más allá del horizonte.

Sorpresivamente, desde la cabina , emergió la cristalina y transparente, pero definida figura desnuda de una hermosa mujer entre tules de algodón. Sus ojos eran arcoíris cambiantes y multicolor su pelo largo, derramándose sobre sus hombros.

Copas de vino-1En sus manos portaba dos copas de vino. Una blanco y otra de negro o tinto que, como seguramente en el ocaso de los héroes en Babilonia, me ofreció sonriente para que, como ellos, entendiera que no existiríamos como estos colores, el uno sin el otro. Que el “otro” es necesario porque, solo, el “uno” es tan imposible, como estéril.

Como tampoco el amor lo es, sin frecuentarlo, la pasión sin vivirla, ni cada una de esas miradas robadas, sin atesorarlas en la isla de nuestras fantasías.

Todavía ensimismado en sus pensamientos, miró hacia el mar de popa, y sobre la estela que dejaba el barco en su amable navegar, tuvo la visión de una retahíla de personas de cada época vivida y que, andando sobre la mar, le sonreían regalándole sus mejores recuerdos.

Tras ellos, una mujer de oscuro pelo ondulado y ojos celestes, vestida con un sencillo vestido de color negro, le miraba henchida de amor con sus brazos abiertos a la vez que, paulatinamente, desde lo más profundo de su pasado, iba sobresaliendo de entre todos.

Entregado, bebió de ambas copas de vino que le ofrecía la mujer de “cristal”, mientras pensaba si no sería ella el modelo del Instante Creador, la hermosa “transparencia” destinada a ser la madre de nuestros últimos días en la Tierra, quién dirigiéndose a él, le preguntaría:

– ¿Dónde quieres que te deje…?

Estela en la mar-4-Recortada

Con gesto satisfecho y aún a bordo de su cómplice velero contemplando todo el trapo henchido portando gozoso al viento, observó llegar a su imaginación cada instante de su existencia, a la vez que desaparecían raudos entre los reflejos del sol. Tras poner de nuevo su atención en la estela del barco y aquella mujer de ondulado cabello oscuro y azulados ojos, le contesto:

… Llévame con ella.


*Música: “Nessun dorma”, de Tarantot – Giacomo Puccini.

4 comentarios en ““EN EL PRINCIPIO…”

  1. Con lágrimas de infinita gratitud a Pepe Grano de Oro Guirado , a quien no conozco y si anhelo conocerlo , por este relato de “EN EL PRINCIPIO” .
    En nuestras vidas pasa el Tiempo y nos enrredamos en divagar y perder el sentido del Principio y Final .
    El aquí nos lleva en este relato a pensar de como es la Vida y lo afronta con un optimismo razonable sabiendo que todo es temporal,,,y el final que nos lleva donde uno conoce, el ser q nos da la Vida.
    Gracias por este relato y esperando que enseguida nos introduzcas en nuevas tierras y nuevos mares donde la Vida está en constante movimiento.
    Gracias por dejar Tú huella en cada historia en cada relato.

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  2. La gratitud debe ser para cuanto nos rodea. A esa vida que nos sorprende cada día preparándonos siempre para el reencuentro, su último regalo en el extremo de nuestro tiempo, disponiéndonos para la definitiva singladura. Gracias Azulete, por tratar de entenderme.

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  3. El otro día pasé y dije…luego. Y luego llegaron otras cosas, así que hoy vuelvo cuando debería haberlo hecho entonces. Una maravilla de escrito que me has hecho leer varias veces disfrutándolo.
    Navegar como deseamos todos disfrutando de esa maravillosa vida que Él nos ha dado.
    Soñar con instantes que no tiempos en donde no existe uno sino…nosotros.
    Y pensar que todo a pesar de parecernos una inmensidad no es nada más que eso…un momento para no quedarnos dormidos y vivir…solo vivir, no hay más.
    Un abrazo ya de sábado.

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  4. Tienes razón en que todo es una inmensidad que nos ha sido, de alguna manera dada. Pero la mayor de las grandezas esta en nuestra capacidad de aceptar nuestra insignificancia en cuanto a lo y quienes nos rodean. Por eso, los instantes son tan mágicos como necesarios vivirlos, así como las despedidas, agradecidas, por tanto recibido. Gracias por tu comentario y un saludo, con la “semana comenzada”, después de mucho ajetreo.

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