CARUSO…, el ultimo canto

 

Hotel excelsior-3-recortado

Poco a poco se cernía la noche rindiendo la luz de la tarde al faroleo emergente de las luminarias de las calles y el pequeño puerto. La incomparable vista del golfo desde la planta primera del “Gran Hotel Excelsior Vittoria” de Sorrento donde vivía Enrico Caruso, se hacía mágica con la llegada del crepúsculo vespertino.

Aquí donde el mar reluce
y sopla fuerte el viento
sobre una vieja terraza
delante del golfo de Sorrento,
un hombre abraza a una muchacha
después que había llorado
luego se aclara la voz
y vuelve a dar comienzo al canto.

El gran tenor, retirado de los escenarios gravemente enfermo, dedicaba sus últimos esfuerzos dando clases de piano y canto. Cuidado su aspecto, acicalado especialmente para el momento, aquella tarde en esa hora, nervioso como cada vez que recibía a una especial joven…, una alumna de la que estaba secretamente enamorado desde el primer día.

La joven discípula, sentía gran admiración por el maestro, emoción a veces confundida con una especie de atracción o excitación, que sin llegar a entender, la hacía mostrarse rendida, hechizada, mientras atendía entusiasmada sus explicaciones.

Habitacion y piano Caruso-1

Comenzada la clase y sentado al piano vertical, a la derecha del mismo y con la mano sobre su hombro, la bella joven comenzó a repetir sucesivas escalas de “bel canto”, mientras el maestro, con moderados gestos orientaba, sugería atención en el “legato”, “expresividad”… y detalles sobre el virtuosismo de la ejecución.

Multitud de ocasiones, aquella muchacha seducida por su canto, le había rogado vehementemente  que lo hiciera para ella y en un momento de descanso, tomando su mano con delicadeza y mirándolo fijamente, una vez más, le rogó…

– Enrico…, canta…, canta para mi…, ¡aunque sea una sola vez en la vida…!

Aquella noche de tanto calor…, la bahía hervía centelleante presagiando el estallido de la dramática belleza que se iba a producir.

Enrico Caruso, durante años, la estrella más grande que pisó el “Metropolitan Opera de Nueva York”, con más de ochocientas representaciones en el, y en tantos otros grandes teatros del mundo…, nunca triunfó en Nápoles su ciudad y cuando cantó en ella, en sus inicios, fue un fracaso.

Recuerdos de su exitosa carrera por el mundo,  en ese instante, llegaron al tenor a la vez que los de sus continuos fracasos personales. Amargamente sonrió instalándose en la realidad del momento, y en aquella noche de Sorrento, sintió el mayor triunfo de su vida en la mirada de aquella joven, que aunque extemporáneamente, llegó a él regalándole cuanto no había tenido jamás.

Consciente de que sería su último canto y ante tan particular auditorio, su joven amada…, se dispuso a escribir la última pagina lírica de su vida.

Piano Caruso-1

Sonrió a la joven y a la vez que buscaba en sus ojos el tiempo que no tendría jamás…, llamo a un mozo del hotel, al que pidió colocara el piano en la terraza de su habitación…, sobre  la bahía y el pequeño puerto.

Ya en ella, ante el piano y antes de comenzar el canto…, sintió  un beso mágico agradecido de la muchacha, a la vez que una lagrima inadvertida le dio alas para entonar una canción…, no otra cosa…, que una trágica, dramática, como hermosa, declaración de amor. 

Te quiero mucho,
pero mucho, mucho, sabes…
es una cadena ahora
que funde la sangre en las venas, sabes…

Miró tiernamente a la joven…, inició una suave introducción de piano y dando paso al canto,  arrancó un vendaval de melancolía…, un viento hermoso y trágico a la vez, que hizo temblar el instante.

A su voz potente, amainaron los ruidos de la calle. Los pescadores en la bahía, al escucharlo…, abandonaron sus faenas y regresaron a puerto dirigiéndo y amarrando sus pequeñas embarcaciones bajo las terrazas del “Gran Hotel”, de tal forma que todas sus luces, parecían  estrellas caídas de un cielo complaciente con el momento.

Hotel Excelsior-2-recortado

Vio las luces dentro del mar,
pensó en las noches allí en América
pero era sólo el reflejo de algunos barcos
y la blanca estela de una hélice.

Sintió el dolor en la música,
se levantó del piano
pero cuando vio la luna salir tras una nube
le pareció dulce incluso la muerte.

Miró en los ojos la muchacha,
esos ojos tan verdes como el mar
luego de improviso salió una lágrima
y el se creyó ahogar.

Crecido en la ejecución…, impresionante su potente voz…, dirigía con su mirada la cantada declaración de amor hacia la muchacha, que apoyada al piano contemplativa con humedecidos ojos, se estremecía entre confusos sentimientos.

Jamás imaginó que su corazón pudiera acelerarse de tal modo, ni que su tristeza paralelamente, le produjera tanto dolor: Aquel hombre, al que descubría poder amar…, se entregaba a su ultimo acto…, su ultimo concierto…, su ultimo canto.

La última gran interpretación en el “Gran Teatro de su Vida”, con el mágico “atrezzo” de la bahía encendida por los pescadores, que como estrellas, quisieron iluminar la más melancólica y hermosa escena de cualquiera de sus representaciones, todo ello sabiéndose sin vida, sin futuro…, en el adiós más generoso…, entregado repetía…

Te quiero mucho,
pero mucho, mucho, sabes…
es una cadena ahora
que funde la sangre en las venas, sabes…

Cautivos en el drama, en una pausa…, la muchacha no pudo evitar acercarse al maestro y mejilla con mejilla, humedecidas por las lágrimas…, esta vez dejó un beso apasionado de dimensiones desconocidas para ambos.

Fuerza de la lírica
donde cada drama es un falso,
donde con un buen maquillaje y con la mímica
puedes llegar a ser (un) otro.

Enrico Caruso, entregado…, continuó cantando para la muchacha, que apoyada en el piano, no controlaba unas lagrimas empeñadas en la emoción del momento.

Unos instantes después, el gran tenor aunque cansado y en triste colofón de su pasmoso concierto, mirándola con más deseo que nunca, anhelándola con la fuerza que para nadie tuvo , cantaba y cantaba…, entregado en pensamiento a su trágico final…, todo para ella…

Pero dos ojos que te miran
tan cercanos y tan auténticos,
te hacen olvidar palabras,
confunden pensamientos.

Así todo parece tan pequeño,
también las noches allí en América
miras atrás y ves tu vida
como la estela de una hélice.

Agotados, sus corazones acelerados, temerosos, casi como avergonzados adolescentes…, llegado el momento de la despedida, un adiós engañoso quedo en el aíre consciente de que no habría un mañana…, que sus ojos, sus miradas…, quedarían para el recuerdo de esa noche estrellada donde ambos conocieron lugares, instantes, emociones…, propias de los elegidos.

Sorrento-3

Aquella misma noche del 31 de Julio de 1921, su estado empeoró. A los dos días, el 2 de Agosto, el gran Enrico Caruso dejó este mundo, posiblemente en busca de la felicidad personal que le fue negada en vida, pero con el gran triunfo de su mejor concierto…, aquella noche en Sorrento, en la terraza del “Hotel Excelsior Vittoria”, donde la mirada de una muchacha, le abrió las puertas de un cielo reservado solo a los grandes mitos.

Sí, es la vida que se acaba
sin embargo él no lo pensó tanto
por el contrario, se sentía ya feliz
y volvió a comenzar su canto.

Te quiero mucho,
pero mucho, mucho, sabes…
es una cadena ahora
que funde la sangre en las venas, sabes…

 

* Recreación, basada en el relato del cantautor italiano Lucio Dalla, cuando en su visita a Sorrento hospedado en el mismo hotel y misma habitación del tenor, conoció su “leyenda” y nos la transmitió. Intercalo la letra de “Caruso” de Dalla, inspirada en esta historia.
* Música de fondo: “Caruso” de Lucio Dalla, en versión sinfónica.

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