EL ECLIPSE y el lobo

“sus hocicos olisquearon durante largo tiempo toda la “geografía” de sus cuerpos…”

lobo-5Riko había nacido en una manada no muy numerosa pero de consolidada formación, donde la competencia era desmesurada y la atención a cada movimiento de sus componentes, era constante por el macho que se había impuesto liderando al resto.

Éste, cuidando de que no se le perdiera el respeto, vigilaba el acercamiento de los más jóvenes al grupo de hembras, dado que solo él y su pareja, de por vida, ostentaban el derecho a reproducirse.

También en las salidas de caza, procuraba ser el estratega y mando único junto a su hembra, de forma que despertando la admiración de todos, afianzaba y consolidaba su liderazgo.

Riko, hijo del líder, era un lobo fuerte de relativa juventud pero de carácter díscolo, independiente, si bien sometido a la jerarquía natural,  pero distante en cuanto podía del grupo, arriesgándose a salidas y alejamientos en solitario.

Su espíritu contemplativo le llevaba a algo más que sentirse gregario, obediente y siempre en busca de escenarios y situaciones que le hicieran sentirse algo más que un lobo sin más destino que cazar, dormir o simplemente cuidar de la prole de Alph, el jefe, su padre.

Se negaba a que su vida se redujera solo a eso, sin la posibilidad de aparearse con una joven loba, hecho imposible en su grupo, por lo que estaba cogiendo cierta fama entre los suyos de comenzar a comportarse, lo que entre ellos conocían, como un joven macho “casanova”,  es decir, con delirios de libertad, de buscar una vida independiente y si fuera posible, formar su propia prole.

Las noches de caza se hacían largas y aburridas y a veces sin resultados. Era entonces, cuando con el resto agotado descansando, encontraba el momento  para alejarse del valle y subir a lo más alto de la montaña desde donde contemplaría todo el universo inmerso en sus sueños, no sin el peligro de invadir el territorio de otro grupo de lobos y tener graves problemas.

Lobo y luna-3Enamorado de la “luz de luna”, siempre la seguía como podía, no solo embelesado con su belleza en las noches que lucía llena, si no que convencido de que algún día le guiaría hacia una suerte mejor, hasta hacer sus sueños realidad.

Aquella noche, el mágico astro lucia en todo su esplendor excitando todas las sensibilidades del joven macho, que alejándose de los suyos como hacía cada vez que podía en esta conjunción, corría a encaramarse sobre una gran roca, solo asequible con extrema dificultad en noches de plenitud lunar y a través de un peligroso, estrecho y alto paso que solo él se atrevería salvar,  con el solo objeto de contemplar lo más cercano posible el disco luminoso, hacia el que prendido en su hermosura, levantaba su cabeza, lanzando un aullido como llamándolo en su auxilio soñador.

No muy lejos de allí, peligrosamente cercana, otra manada de lobos se dedicaba con éxito a la caza. Su líder, como es lo propio, se despachaba el primero en el festín de la pieza recién cobrada, un joven venado que insuficientemente alertado, encontraría su final.

Mientras, la manada a la espera de que el “jefe” saciara su apetito, recomponía el orden por el cual irían acercándose a los restos del cervato, en turnos algo anárquicos y disputados.

Loba-3Bélma era una joven loba de este grupo, de pelo más oscuro y hermosos ojos rasgados, que comenzaba a sobresalir entre la manada, no solo por su belleza comenzando a atraer a los jóvenes machos sin opción alguna, sino también por su independencia y  capacidad soñadora. Tanto era así que el líder, su padre, se había fijado en ella preocupado por su carácter independiente, imaginativo y fantasioso.

Mientras Bélma esperaba su turno para tomar un bocado, se distraía contemplando la noche tranquila y el suave murmullo de un arroyo que discurría por el fondo del valle, a la luz de la hermosa luna llena.

En ese momento, rompió el silencio de la noche el aullido de Riko, el joven lobo de la otra manada, que encantado con “su luna”, desde  la gran roca, emitía sus aullidos de tal y diferente forma a los que ella conocía, excitándola y provocando su curiosidad.

Lobo y luna-6Aprovechando que el resto de los suyos estaban distraídos y entregados a devorar su presa, sin pensárselo dos veces, corrió monte arriba, alejándose de la zona boscosa hasta llegar a un llano despejado desde donde pudo ver al contraluz de la luna, la silueta de un joven y esbelto lobo, en lo más alto, “enzarzado” con las estrellas.

Accediendo por la parte contraria que Riko, de  más facilidad y con gran precaución ya muy cerca de la roca, sin percatarse, provoco el revuelo de unas aves que dormitaban, de forma que su aleteo, alertó al joven lobo de que alguien se encontraba cerca. Bélma ya no pudo ocultarse y sin saber porque, no tenía miedo.

Erguida, con paso lento pero decidido se acercó hasta el desconocido, al tiempo que venteaba su olor corporal. La noche iluminada fue suficiente para que Riko percibiera que aquel visitante era una hermosa y joven hembra de otra manada, que lo atrajo poderosamente.

– ¿Quien eres? – preguntó Riko, tras bajar de la roca, llegar hasta ella y olfatearla por todas partes.

– Soy Bélma…, de la “manada del río…”, nunca te vi antes ¿Qué haces aquí? ¿sabes que estas en territorio ajeno? Mi padre es el líder.

– Probablemente, pero solo vine en busca de esta luna que parecía llamarme, no quería vuestra caza, ni nada parecido.

– ¿Cómo te llamas?

– Riko, de la “manada del lago”. Ven, ven aquí, sube…, veras que hermoso es todo.

Noche-de-luna-llena-1

Cuando Bélma subió arriba de la gran roca, toda la luz de la luna se derramó sobre ella. Su hermosa capa de pelo, relucía en la noche como un manto sedoso que la envolvía. Sus ojos rasgados de color miel ,atrajeron la atención constante de Riko, que no podía estar más interesado en su sorpresiva acompañante.

– Creo que debo irme – exclamó Bélma nerviosa con la situación – posiblemente me puedan estar buscando y sería fatal para ti…

– No te preocupes, huiría por los riscos del sur-  contestó Riko – solo yo puedo salvarlos.

– Pero eso es muy peligroso, nadie anda por ahí sin riesgo a despeñarse.

– ¡Bah…! Siempre accedo por este camino, por el que nadie osaría seguirme.

– Bueno he de irme… – contestó Bélma con cierta expresión de no ser lo más deseado – Me alegro de conocerte Riko, creo que eres un buen lobo ¡adiós…!

– Espera Bélma…! ¿Nos veremos otra vez? – y continuó – Yo suelo venir a este lugar en noches como esta! Te espero la próxima luna ¡te espero, no faltes…!

pareja lobos-7Bélma lo miró  en gesto de despedida sin poder prometerle nada, aunque mientras regresaba con los suyos, no se le iba de la cabeza la esbeltez de aquel joven lobo recién conocido, al que sin duda, gustaría ver de nuevo.

Pasaron los días y las noches, mientras la ilusionante luna completaba su ciclo y llegando al día de su extrema lucidez, ambos jóvenes no pensaban en otra cosa que encontrarse de nuevo, allí donde se conocieron.

Las manadas aprovechaban la luz de esas noches para entregarse a la caza en los aledaños boscosos y si había suerte, disfrutar del “banquete”, sin más atención a lo que pudiera acontecer a su alrededor.

Riko, había abandonado su grupo en esos momentos de confusión  y raudo cuanto pudo, se dirigió por los peligrosos riscos a la gran roca donde habitualmente se citaba con su planeta luminoso.

Bélma, mientras sus compañeros cazaban, apenas colaborativa, no hacía otra cosa que imaginar que a esas horas, Riko la estaría esperando sin duda.

Sin pensárselo, en un descuido de los suyos perdidos en el bosque tras una presa, tomó camino hacia la colina coronada por la gran roca, con la esperanza de encontrar a su nuevo amigo.

De nuevo el ruido de las pisadas de Bélma alertaron al joven lobo, de que quien llegaba no era otra que ella, sintiéndose tremendamente feliz a la vez que parecía dirigir una mirada a la luna agradecido.

lobo-11– Hola Riko… ¡soy yo, Bélma!

– ¡Hola preciosa…! no sabes lo feliz que me hace el verte – continuando – temía que no vinieras.

Indefectiblemente, dos jóvenes almas soñadoras se habían cruzado sin más solución que el resultado de una tremenda atracción mutua y el deseo común de escapar de su condición de gregarios de sus respectivas manadas, al abrigo de un sueño e imaginando un destino propio, fruto de su encuentro.

Acercándose el uno al otro, sus hocicos olisquearon durante largo tiempo toda la “geografía” de sus cuerpos, terminando en caricias inevitables, lamiéndose mutuamente a la vez que postrados uno junto a otro, observaban el esplendido planeta, antojándoseles más hermoso que nunca.

pareja lobos cojiendo-1Nada pudo evitar, que a luna siguiente, ambos jóvenes se entregaran el uno al otro, seduciéndose en toda su plenitud, gozándose como nunca hubieran pensado que fuera posible y atribuyendo al mágico disco dorado, la suerte de haberse encontrado.

– Tu y yo, Bélma, mi sueño, ¡nuestra propia manada, nuestra descendencia…!

– ¡Oh Riko! Es muy pronto. Hemos de pensarlo bien y tener cuidado. Si ellos se enteran – prosiguió – puede pasar de todo ¡Oh Dios…!

Esa noche con más tristeza y a la vez esperanza que nunca, se despidieron contemplándose amorosos, hasta que en la próxima luna, se encontrarían en el sitio de siempre, con más deseo del que jamás imaginaron.

Pasado el tiempo que se les antojó eterno a ambos, llegó la nueva noche iluminada y como siempre, a la menor distracción de los suyos, ambos se apartaron de sus respectivas manadas. Cada uno por su camino habitual, se dirigió a la colina de sus encuentros. Bélma, como siempre por el más suave acceso de la vertiente norte y el joven Riko a través de los intransitables y peligrosos riscos del sur de la roca.

Cuando Riko abandonó su grupo dirigiéndose a la colina, la luna lucía en todo su esplendor y magnitud, contemplándola extasiado mientras corría a su destino, sin prestar la debida atención a su peligroso camino.

Mientras lo hacía, de forma incomprensible, advirtió que la misma, perdía no solo lucidez, sino tamaño; observaba asustado el fenómeno sin comprender como el disco luminoso iba desapareciendo en el cielo, a la vez que dejaba en casi tinieblas el angosto camino rocoso que transitaba, llegando un momento en que desapareció totalmente, inundando todo de oscuridad.

En todo el valle y como un mal presagio,  aullidos lejanos de jóvenes lobos se oían, seguramente asustados, con miedo e incomprensión por lo que acontecía en el firmamento.

Eclipse luna-1Solo algunos de los viejos líderes, que por eso lo eran más, sabían que de tiempo en tiempo la luna se escondía temporalmente siendo eclipsada por algo desconocido, que ocultándola temporalmente, la escondía a sus miradas privándoles de su  luz y que, a la vez, temerosos de sus consecuencias, era un serio aviso para detener sus actividades, hasta que esta volviera paulatinamente a brillar con todo su esplendor.

Riko, por su juventud, no había vivido semejante fenómeno jamás y aún asustado y casi a ciegas, siguió su peligroso camino con tal desgracia, que al tratar de salvar la peligrosa quebrada en largo salto, sus patas resbalaron al apoyar en unas piedras inestables, con la fatalidad de caer hasta el pié del barranco.

Con tal desgracia sufrió la caída, que además de magullarse todo el cuerpo, sintió romperse una de sus patas traseras, quedando inmóvil, dolorido y por un tiempo inconsciente, casi al pie de la gran roca hacia donde se dirigía, al encuentro de su amiga.

lobo-7A todo esto la joven Bélma, que por su habitual acceso había logrado llegar hasta la gran roca tras sufrir asustada en su camino el mismo fenómeno lunar, se encontró sola y desconsolada ante la ausencia de Riko, que siempre llegando antes que ella, le hizo presagiar haberle sucedido algo.

Pasaba el tiempo y su amigo no aparecía cuando, poco a poco, comenzaba a esclarecerse el cielo, apareciendo lentamente  la desaparecida luz restando dramatismo a la oscuridad y esperanzando, que a la vuelta de la claridad, apareciera Riko y pudieran reencontrarse.

Cuando ya de nuevo la luna brillaba con todo su esplendor en el cielo, en el silencio de la noche, Bélma creyó oír unos gemidos algo lejanos, abajo de  lo alto de la gran roca, a sus pies.

Curiosa y preocupada, descendiendo dando la vuelta a la colina y llegando tan apresurada como pudo, se dirigió al fondo del barranco desde donde creía le llegaban los lastimeros quejidos.

Llegando justo al píe de los peligrosos riscos por donde siempre su amigo llegaba a la colina, cada vez con más claridad, oía los gemidos que desde ese momento totalmente asustada, empezaba a presagiar que pudieran ser de Riko, probablemente gravemente herido, como así fue.

Destrozada ante la visión de su amigo abatido entre las piedras del fondo del barranquizo donde corría un hilo de agua y con gran expresión de dolor en sus facciones, Riko la vio llegar.

Maltrecho, le tranquilizó el comprobar que era Bélma su loba amada, quien llegaba. En un momento, en que desesperanzado, llegó a pensar que ella se hubiera marchado al comprobar su ausencia,  aparecía, aunque solo fuera para despedirse de ella y poder confesarle cuanto la pudo amar, presintiendo que en su estado, lobo alguno sobreviviría herido e invalido, incapaz de cazar y alimentarse.

Lobo herido-1– Riko, mi …, mi lobo… – se acercó Bélma hasta él entre lamentos, a la vez que lo lamía ininterrumpidamente en todo su cuerpo y en especial en sus heridas abiertas.

– ¡Oh Bélma…, mi dulce Bélma! pensaba que no te vería jamás, sin la ocasión de despedirnos, pues – continuó balbuceando – ya me ves…, no me queda mucho.

– ¡No digas eso! Estoy aquí y todo pasará, ya verás- intentó animarlo a sabiendas de su grave estado.

– No se que ha pasado…, siento que la luna me traicionó cuando me dirigía a tu lado, me dejó sin luz y caí…

-No Riko, no, no nos traicionó la luna. Ella hizo que una vez nos encontráramos y mira, mira al cielo…- continuó – ha vuelto con todo el esplendor de aquel día, para que te encontrara,  reunirnos de nuevo y aquí estoy para ti…

pareja lobos-8Bélma y Riko se fundieron en una inmensidad de caricias y una vez más tranquilizados, ella, empujándole como podía y él arrastrándose con gran dificultad, lograron llegar hasta una oquedad o pequeña cueva, alejada del riachuelo y del pedregal donde se había despeñado, de tal forma que quedarían protegidos de la intemperie,  resguardados y ocultos de cualquier peligro.

– Bélma debes irte, te estarán buscando y aquí nada tienes que hacer, nuestro sueño se ha truncado, yo no sobreviviré, en mi estado, no podré cazar en meses, es mi destino…

Bélma, con mirada tierna, le acariciaba amorosamente mientras le decía:

– No Riko, no… – contestó Bélma a la vez  que continuaba calmando su dolor con delicados  lamidos sobre sus abiertas heridas – nuestro camino comienza ahora. No volveré con los míos y ambos cuidaremos de nuestro futuro; lo que haya de ocurrir lo viviremos juntos, tal era nuestro sueño, tal es nuestro destino.

En un momento donde no dejaban de contemplarse el uno al otro con miradas apretadas de ternura, Bélma cercana, con un gesto cariñoso le confesó:

– Tendrás que reponerte pronto, porque yo te cuidaré y cazaré para los dos.

… Has de saber – prosiguió – que en mis entrañas, llevo ya la sangre de la que será nuestra descendencia, nuestra propia manada, nuestro sueño y que esta luna mágica y esplendorosa hizo realidad al facilitar encontrarnos antes, y que hoy reaparece solo para que nuestro sueño se cumpla.

pareja lobos-6Riko, comenzó a gemir de felicidad y gozo sin parar de lamer la cara, los ojos de Bélma, su joven y amada loba, hasta que el cansancio de ambos los hizo caer dormidos, uno junto al otro, más esperanzados que nunca  y en espera de un amanecer, que no sería otro, que el de sus vidas unidas para siempre.

Hasta entrado el verano, Bélma se encargó de salir de caza y procurar la comida, aunque escasa que ambos necesitaban, especialmente Riko para su restablecimiento y coincidiendo su mejora, con el alumbramiento de Bélma, que dio a luz cuatro hermosos cachorros.

Siempre procurando en este tiempo no ser avistado por las manadas del “río” y del “lago”, Riko por estos días restablecido, ya cazaba si bien piezas de no gran envergadura, si lo suficiente para mantener a Bélma y su recién llegada prole.

Cachorros lobo-2Varios meses después del  nacimiento de los pequeños, una noche , arriba en la gran roca y desde la lejanía, fueron las siluetas de dos hermosos lobos con sus crías, las que se dibujaban a contraluz de una radiante y dorada luna llena más esplendida que nunca.

Los jóvenes padres y sus cachorros parecían despedirse de aquella tierra que un día los unió,  una última contemplación del valle, en el preludio del  otoño y de una nueva vida para ellos.

Pasarían unos años, cuando unos jóvenes, poco más que curiosos lobeznos tal cual ellos lo fueron, se acercaron a una lejana y atractiva región cuajada de arroyuelos y caza abundante  al oeste de sus territorios habituales, cuando el aullido alertador de una pareja de lobos maduros, les advertían que cruzaban peligrosamente los límites de su territorio, haciéndoles retroceder en su intento.

Eran Riko y Bélma, de la “manada del  manantial”.

Manada del manantial-1

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