HOTEL CALIFORNIA

Aguila-1


“… puedes hacer o cancelar tu reserva en cualquier momento que quieras, pero  nunca podrás irte…”

Pocas veces alguien le había provocado atracción tan inevitable que, al modo de un  chispeo de fina lluvia inadvertida, poco a poco, terminaría calando hasta lo más profundo de su alma sin poder sortearlo.

Aquella tarde sabía que no podrían evitarse y que sería una más de las que discurriría entre el deseo de contemplarla en silencio, robando entre encontradizas miradas, alientos apasionados para seguir sobreviviendo.

Un grupo de rock, en un garito al uso, se aprestaba a iniciar una sesión obsesionada con música de los “setenta”. Atenuándose las luces del local, a la vez, las más intimistas y coloridas del pequeño escenario, incendiaban el ambiente cuando el concierto comenzaba.

Los asistentes despejaban el centro de la sala y sin poderlo imaginar tan siquiera, de entre la gente, emergió una esbelta mujer toda de negro, tocada de un arabesco collar plateado en su sensual cuello, que lo engalanaba exultante.

Como una quimera, pareciera que “Audrey Hepburn”, la obsesión de su adolescencia, con sus infinitos ojos de acaramelado ámbar y delicada figura, irrumpiera ante él y, evocando el “impacto” en su juventud, se repetiría ante sus ojos fascinados, en la figura de aquella chica tan deseada.

Premeditadamente, mirándolo con firmeza, le dedicó una sonrisa a modo de saludo, provocando su acercamiento y el ser correspondida.

– ¡Hola…! Debería preguntarte como estas ¿no?, pero es tal la evidencia, que solo se me ocurre celebrar verte… – le dijo encantado en la contemplación de sus ojos enmarcados en oscuro y enigmático ahumado, que como un halo de imaginario incienso, hermoseaba aún más su mirada, si eso fuera posible.

– Gracias…, también a mí me alegra encontrarte esta noche, porqué no decirlo – le sonrió amablemente, mientras sus miradas se desligaban tan solo lo justo, sabiéndose observados, por sus respectivas “coreografías”.

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Entre más gestos que palabras, se atenuaban las luces al máximo sorprendiéndoles el inicio de los músicos con una sensual historia de “cartas que se escriben sin terminarlas…, que se envían sin realmente enviarse y la belleza pérdida de unos ojos, entre sabanas de blanco satén”.

Por instantes, el ambiente se hacía más excitante y provocador resucitando utopías sin limites.

– ¿Te imaginas que puedo pensar en este momento? – le dijo, mientras la miraba intensamente.

– Si… ¡Oh no!, no…, prefiero no hacerlo…, no creo que sea lo más conveniente en esta situación – le contesto mientras, sin poder disimularlo, su respiración se aceleraba inconteniblemente.

Poco a poco las canciones de aquella mágica música, se desgranaban, pareciéndole que todas y cada una le pertenecían de alguna manera, mirándola mientras escuchaba afirmar  que “ella es como un arcoíris”.

Tras unos segundos de mutua contemplación que, por su intensidad podían ser “años luz”, se alejaron el uno del otro hacia sus correspondientes grupos, sin que sus ojos se desataran un instante, llenando la noche de escaramuzas en el constante cuerpo a cuerpo del cruce de sus miradas.

Agotada la noche, tras breves palabras entre furtivos encuentros, cada uno se despediría camino de su particular universo, no sin antes dejar evidencia del inevitable hervir de sus deseos. 

Quedándose anclado en la barra del bar, con el recuerdo imborrable de su presencia, sobrevivió entre el sonido de unas mágicas guitarras, que inventadas para los sentidos, “hablaban” de extraños y hermosos misterios en el “Hotel California”.

Tomaría quizás unas copas de más cuando, sin darse cuenta a su lado, un viejo anciano, sin mirarle siquiera, murmuraba un mensaje, sin duda para sus oídos.

– Te duele tu suerte…, sin valor para hacer nada, ¿te rindes…?

– ¿Quién eres? ¿Qué sabes? – inquirió con cierta molestia al anciano por su impertinencia.

– Soy el “hombre de la noche”, quien puede ayudarte… ¿hablamos?

Tras el insólito encuentro solo recordaría entregarse a un sueño donde, inesperadamente, aparecería aquella mujer en una tan extraña, como hermosa fantasía.

En su visión, llegó a un pequeño aparthotel donde, tras cruzar el umbral de su puerta, sorpresivamente, ella lo esperaba. No hubo respiro ni tiempo para la más mínima palabra, ciñéndose la única conversación al gestual lenguaje de sus cuerpos que parecían dar prioridad a tanto deseo físico acumulado.

A la irremediable explosión de sus sentidos, se sumaron los susurros, que sin otra intención,  incendiaron el momento provocando un interminable ir y venir escandaloso que parecía no tener límites, una vez conocidas todas y cada una de las fronteras de sus cuerpos.

De repente en la ensoñación, sobrevoló una voz que, sin poder determinar su origen, saludaba su llegada.

Hotel California-4– Bienvenido amigo al gozo de tus sueños, al “adorable Hotel California”.  Querías la “vía rápida” y tienes lo que deseabas, al momento. Este ya es tu sitio…, por mucho tiempo.

– Gracias…- contestó inocente – ¿podrías traernos una botella de vino? – y a la vez  extrañándose por la situación, preguntaría –  dime ¿dónde estoy realmente? ¿quién eres…? tú presencia, tu voz…, no te veo, es extraña y reverbera como en un recinto cerrado.

– ¿Tantas veces me invocaste para tus fines y no me reconoces? Sigue tu fiesta…, ¿ahora quieres vino…?

Aquel hombre no atinaba ni un instante a situarse donde podía estar. Solo sabía, que hizo lo imposible por encontrarse entre los brazos de aquella mujer que lo cautivaba y, que hubiera pagado cualquier precio, por no escapar de entre ellos.

Al poco rato, asomándose a lo que imaginaba los servicios del local, preguntó a un hombre viejo sentado ante una mesa que lo observaba, por la botella de vino que no llegaba nunca.

– Nunca recibimos tu petición – contestó a su demanda – además, no ofertamos ese servicio desde hace más de cincuenta años. Tampoco tenemos camarero. ¿Nunca te cercioraste donde entrabas?

– Pero, ¿tu quien eres…? – preguntó.

– Soy el “hombre de la noche”, ¿no me recuerdas?

Mirando al anciano, se dio cuenta entonces, que no era otro sino que, el que conoció en la barra del bar, la madrugada tras el concierto.

Pensativo, solo recordaba haber reservado aquella habitación para descansar tras una noche de copas y soledades, una vez allí, no adivinaba cómo pudo encontrarse con la chica de sus sueños.

En ese momento fue la voz de una mujer la que irrumpió diciéndole:

– Bienvenido al “adorable hotel” ¿No me reconoces? Soy yo y, no otra, quien anoche te recibió entregándose a ti. Pasamos la noche juntos bajo un cielo de espejos y te dije que podrías llamarme por “su” nombre, si así lo preferías. Estaré dispuesta siempre para ti, tal como me desees.

El anciano, dirigiéndose a él de nuevo, le dijo:

– A veces no nos damos cuenta donde entramos persiguiendo lo más vedado. Todo tiene un precio y se te advirtió, esto puede ser el cielo o el infierno y siempre dependió de ti.

Por un instante, creyó volverse loco e intentó correr hacia la puerta de salida sin encontrarla. Quería despertar si era un sueño, o volver a cualquier sitio fuera de allí, de aquel lugar, de ese hotel de malditos espectros y voces de seres inexistentes, que seguían advirtiéndole:

– Has pagado el precio de un amor nocivo y, por ello, estas aquí donde compraste tus anhelos, tus incontenibles deseos. Tenemos un pacto.

… Si no lo sabías, – continuó – “ella” es el viaje sin retorno que te atrapó de por vida, la que sin saberlo, te trajo al “adorable hotel” – continuó el anciano – ¿nunca lo sospechaste?

Abatido, se dio cuenta que él mismo construyó su cárcel y pago sus carceleros. Que todo a partir de entonces sería un mundo de espectros, fantasmas y apariciones irreales. Que hasta allí llegó, sin saber que vendió su alma por aquella mujer, al maléfico que lo poseería por siempre.

Desde ese momento, también él se transformaría en un espíritu más, en otro “hombre de la noche”, que pulularía entre garitos en busca de almas vacías, ofreciéndoles la “vía rápida” en perverso trato, hasta llevarles al “adorable Hotel California”, donde todo es dable.

Puedes hacer o cancelar tu reserva en cualquier momento que quieras, pero nunca podrás irte.

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*Música: “Hotel California” – (Henley, Felder & Frey – The Eagles) –  Instrumental versión. 

13 comentarios en “HOTEL CALIFORNIA

  1. Un relato más con esa sensibilidad y esas palabras llenas de sentimiento capaz de atraparte desde la primera línea a la última para no dejarte indiferente. Una prosa sencilla, natural y muy cercana. Me encanta leerte, ya lo sabes. Y la música, siempre la música, aparte de ir unida a la historia, capítulo aparte. Esas canciones que nunca morirán. Un abrazo y feliz domingo.

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  2. Como siempre la sensibilidad se hace escritura, la escritura se hace poesía y la poesía se hace historia, así notamos como este artesano círculo se cierra como en casi todos los relatos que tienes a bien de escribir y editar para deleite y gozo de nuestros sentidos, de nuestros sentimientos.
    Desde mi modesta y profana opinión, sabes mezclar, como pocos, relato/sentimiento/poesía narrativa con leyenda (HOTEL CALIFORNIA es leyenda musical no lo dudemos) , creando un clima nostálgico y de añoranza a todos los que te leemos, por lo menos eso es lo que YO siento y desarrollo cuando lo hago.
    Cómo siempre digo: SEGUIMOS……!!!!!!

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  3. El autor intenta hacerlo lo mejor que sabe, pero en todo caso, su modesta obra la concluye el lector con su esfuerzo, atención e interpretación personal. Si finalmente el juicio de este, ademas es generoso, el autor puede sonreír agradecido. Gracias.

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  4. Otro bonito relato cargado de sensibilidad.
    Haré la reserva. Y no es que no pueda irme, es que no quiero irme. Quiero quedarme leyendo tus relatos, y escuchando música maravillosa. Un saludo.

    Le gusta a 1 persona

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