EL PIANO de Scarlett (1)

“I Can’t Stop Loving You…”

piano bar-1.jpgSabia que en aquellos días últimos de verano, no me iba a encontrar con Alicia Keys cantando para mi en un piano bar de “plexiglas” en el decadente Puerto Banus, a donde había ido a parar aquella noche, perdida la brújula.

Caminando por las escondidas calles menos “glamurosas”, tropecé con la puerta de un garito con “live music ” donde la fotografía de una atractiva chica de color sentada a un piano, prometía algún que otro blues que rematara la melancolía de una noche desmotivada.

Al entrar, todavía sin ubicarme en el oscuro bar, el piano y la voz “rota” de la cantante, en “americano sureño”, describía una triste historia de ausencias, como de otra manera no podía ser.

Artista e instrumento se situaban, protegidos por una especie de barandilla coronada de mullido apoyabrazos aterciopelado, permitiendo al público más interesado gozar de la cercanía de la cantante, incluso conversar o sugerirle algún especial tema.

Saboreaba mi segundo “balvenie” en vaso corto a lo escocés, cuando Scarlett y yo, la pianista de hermosas facciones y escote hipnotizador, ya éramos amigos en un ambiente cordial de poco público, y que sentado a su lado, nos permitía comentar el repertorio que iba desgranando.

– Tomas algo…? – le pregunté al rato, tratando de invitarla.

– Bien… ¿tu que bebes…?

– Escocés…

– Tomaré lo mismo….¡Bob…, “please” …, otro igual para mi…!

piano bar chica-4Bob el camarero, era un chico también de color y fuerte complexión, que al dejar la copa de Scarlett sobre el acharolado negro brillante del magnífico “Bechstein” de media cola, me saludó cordial.

– Bob es mi compañero…, mi chico…- dijo, dedicándole una sonrisa.

– Pues hacéis buena pareja… – el muchacho me agradeció con un gesto risueño el comentario volviendo a su trabajo, mientras bromeé:

– ¡Mala suerte…, me gustaba tu sonrisa….!

– Ja, ja, ja….! – Además, canta muy bien…- apuntó Scarlette – esperamos una oportunidad para él….

– ¿Quieres que toque algo especial…, que te guste…? – añadió amablemente mirándome – veo que te va el blues…

– ¡Oh sí… grácias… ¡ ¿Georgia…? ¿Georgia in my mind… puede ser…?

piano-1Scarlett asintió iniciando la “blusera” introducción de piano de la hermosa canción que escapaba de entre sus manos en el teclado, hasta que su voz, dejando al instrumento en segundo plano…, provocó el silencio atento de los no muchos presentes, pero cautivando el ambiente.

Al tiempo, dos chicas acompañadas de un muchacho llegaban acomodándose en la barra, mientras un par de parejas se entregaban a un baile inevitable. Al poco, un segundo chico quizás mayor que el otro se acercaba al grupo recién llegado, besando especialmente a la más alta de ellas.

La otra joven, vestida con cierto gusto y sofisticación, de menor estatura, desprendía armonía toda ella. Diría que su menuda figura parecía diseñada en proporciones “áureas”, si fueran aplicables a la figura femenina.

Mientras, yo tarareaba “sotto voce” el hermoso tema acompañando a mi amiga pianista, a la vez que apuraba el “balvenie” y observaba como ésta chica recién llegada nos prestaba su atención.

Aunque embelesados en el blues tanto Scarlett como yo, percibí que la joven sin disimulo, me miraba desatando su inmenso atractivo. Con una mano despejó de la cara un poco su pelo castaño, más largo que corto y de suave rizo, dejando al descubierto sus atractivas facciones…, y unos oscuros ojos que herían allá donde llegaba su mirada.

Parecía seria y no estar donde quisiera…, su mirada todavía en la mía, delataba cierto hartazgo o un déficit de sensaciones que desde aquella música y su entorno comenzaba a llegarle. El chico que la acompañaba se dirigió a ella…, parecía como no agradarle su excesiva atención al foco de la desgarradora música, y tras una breve aparente  discusión, volviéndose a la pareja que la acompañaba, se despidió contrariado, dejando el local.

Al poco rato, ella, tras cambiar unas palabras con el resto de sus acompañantes y apurando la copa que mantenía en su mano, volvió de nuevo a mirarme disputando mi atención hasta esos instantes en la hermosa pianista, que dedicándome una cómplice media sonrisa, parecía decirme con mirada pícara…., ¡esa es tu chica…!

Inesperadamente se acercó al piano y sentándose en un taburete junto al mío, me dijo observandome:

– Es apasionante esta música ¿no…?, este instante… ¿Cómo lo vives…?

– Contemplándote…, no hay otra forma… – le dije, tras un breve silencio enfrentado a sus ojos.

Ella, sorprendida por mi contestación me dirigió una perfecta sonrisa acompañada de una mirada intrigante, de esas que  parecieran ofrecer todo o nada…

– Soy Paula…, vinimos de “finde” desde Granada…, pero el ambiente se ha enrarecido…, y no se que hago…, no me reconozco… ¿y tu…?

vaso whisky-1– De paso…, perdido por aquí… ¿bebes algo…?

– Vale… ¿eso es whisky…? pues lo mismo para mi…

Me dirigí a Bob con un gesto, y señalando mi vaso, pedí dos de lo mismo que lo más presuroso que pudo nos sirvió.

Pasados unos minutos de conversación, la pareja de amigos restantes que quedaron en la barra,  vigilantes…, no parecían estar muy de acuerdo con la situación viniendo hacia donde estábamos, en ademán de irse y dirigiéndose a ambos, saludaron:

– Hola, que tal…

– Bien… ¿y vosotros…? – traté de ser amable…

– Bien, gracias…, bueno…, nos hemos de ir ya ¿no te parece Paula..? Es hora de irnos, vamos ya… ¿quieres…? Igual nos esperan…

– Mira… – contestó ella – estoy bien, muy bien…, y quiero escuchar un poco más de esta música…, creo que me quedaré un rato…, marchad vosotros…, llegaré en poco tiempo… ¡solo será un trago más…!

– Pero Paula… – insistió el acompañante de su amiga.

– Me quedaré un poco más… ¿vale…? Iré pronto…, hasta luego…

Algo embarazosos, la pareja marchó sin más comentario, cuando ella llevando su vaso contra el mío, brindamos quizás por el sorpresivo momento, mientras decía:

– Uf…! No suelo beber esto…, además las mezclas…, pero esta noche me parece hasta bueno…, suelo ser de gustos definidos, ordenada…, a veces hasta previsora de mis actos…, y hoy parece que vuelo…

– No es malo escapar un poco de si mismo de vez en cuando…, a veces te encuentras tal como desearías ser…, por cierto… – continué – la corta distancia te favorece…

BESO-1Ella humedeció sus labios con el escocés y sin decir nada, acercándose…, beso mi mejilla cariñosa e inesperadamente con una sonrisa.

– Aún no me has dicho tu nombre ni de donde eres… ¿que edad tienes…?

– Deberías de saberlo… – bromeé – un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama…- contesté – y poco necesitaras para que sepas el resto…

Scarlett, que no perdía detalle de nuestro desatado ánimo, terminando el tema que hasta poco cantaba, me miro y con un gesto endemoniadamente cómplice, golpeó mi sensibilidad cuando comenzó a cantar “I Can’t Stop Loving You”.

La hermosa canción, como la anterior del viejo Ray Charles, consiguió que recuperara la brújula perdida esa noche, mostrándome la dirección de mis deseos.

BAILAR PEGADOS-3.jpg– Bailemos…- le pedí con angustiada necesidad de abrazarla.

Tomé por la cintura a Paula, quizás fueron nuestras soledades o el circunstancial destino…, el motivo de que nuestros cuerpos,  aliados en un baile de tan sensual cadencia, se inventaran entregados, como uno solo.

A veces su mirada me parecía perdida, dándome la sensación de que huía de algo o quizás de si misma, apostando de forma inesperada por sentirse libre y viva por unos instantes, despertando sus sentidos, abriéndose a la ventana del momento, dejando escapar el aire viciado, quizás encorsetada en una vida tan perfecta como anodina, desapasionada y dándose a la frescura instintiva de una experiencia sin premeditación, aunque aparentando sin convencer, la seguridad que no tenía.

Cada vez la abrazaba con más fuerza mientras bailábamos, mientras ella se daba más a mis caricias, quizás sin entender ni uno ni otro, el porque ni la razón del fortuito encuentro de dos almas tan distintas como distantes, que se necesitaban aún sin conocerse siquiera, esa noche, aunque fuera la única.

Mirándome fijamente, como  imaginando habernos encontrado en algún otro lugar en nuestras vidas, noté que se sentía tan segura en mis brazos, como yo en el “otro mundo” de los suyos. Nos besábamos dulcemente, sonreíamos a cada broma o insinuación, hasta darnos cuenta de que estábamos iniciando un camino mágico con un solo final posible.

– Llévame, llévame esta noche contigo…

Miré hacia el piano de la encantadora Scarlett y acercándome a ella, dejé en su cara un cariñoso beso mientras cantaba a modo de un adiós agradecido y saludando con mis manos al agradable Bob, salimos en dirección al “más allá imposible”.

El recepcionista del hotel, dándome la llave, me saludó por mi nombre, tras desearnos buenas noches.

– Ese es tu nombre…? – Me preguntó Paula sonriente.

-Si, ya lo sabes, fácil de recordar y más aún de olvidar… – asentí sonriendo.

BESO-2Paula me abrazó ya en el ascensor y mientras acariciaba mi pelo, se irguió sobres sus tacones, besándome una vez más.

Con apenas una tenue luz en la habitación y esperándola sobre la cama, la vi salir desnuda del baño de forma que la claridad del mismo a sus espaldas, dibujó un contraluz de tal belleza, que erizó mi cuerpo hipnotizado ante tanta armonía y perfección.

Con lentitud premeditada, llegó hasta mí, recorrió cada rincón de mi cuerpo gateando impaciente hasta la  fuente de mis deseos, cuando le susurré al oído:

– Ven, hoy no tienes más orden ni concierto, ni camino ni escape que mis imprevistos brazos, que sin miramiento te devolverán repetidamente al mismo punto de partida…, las cumbres de nuestros sentidos, hasta que la pasión más irracional nos rinda.

– Nunca, nunca…, había llegado hasta aquí… ¿Dónde estabas…? – me susurró apagando en mi boca el mejor de sus besos.

Mediada la mañana del día siguiente, un rayo de sol que se colaba por la entreabierta ventana de la habitación, desagradablemente me despertó devolviéndome a la “vida”. Apenas sin abrir los ojos, la cabeza me estallaba y al tratar de incorporarme, con dificultad mi cuerpo se mantenía en pie. Mi amigo el “escocés” no perdonaba.

PAÑUELO-4Miré alrededor y estaba solo. Sobre una mesita me llamó la atención un pañuelo de colores llamativos y femenino gusto, que seguro habría tenido dueña.

Comencé a tratar de recordar mientras en mis sienes estallaba el sonido de un piano, haciéndome poco a poco situarme en la anterior noche, en un bar donde el recuerdo de la figura de una chica de color cantando mientras tocaba sedosos blues, comenzaba a llegarme.

Poco a poco, arribaban como olas a mi cabeza viejas canciones de “Ray Charles” que recordaba haber pedido a Scarlett, si a Scarlett, ese era el nombre de la pianista, pero…, pero había alguien más.

Un instante más, y recordé los ojos de aquella chica que sin conocerme, se acercó a mi tan cargada de soledad como yo mismo y con la que compartí unas copas y todas las fantasías posibles, Paula…, Paula era su nombre. Todo se iba instalando, aunque desordenadamente, en mí retina.

En mis brazos un suave escozor de piel ligeramente arañada, me llevo definitivamente al recuerdo de su hermosa entrega…, que llegando ya con detalles nítidos progresivamente a mi memoria…, me llenó de melancolía.

El perfume de aquel pañuelo olvidado seguramente adrede, supe en ese instante que me ataría para siempre.

Duchado y despejado, en la carretera rumbo a mi “cada día” encogido el corazón, resonaba interminable la hermosa canción…

“I can’t stop loving you…
I’ve made up my mind
To live in memory of the lonesome times…”

Había pasado ya un tiempo de todo aquello, cuando tomando una cerveza en la terraza de un bar concurrido de gente variopinta, me pareció descubrir entre ellos la silueta de una chica medio de espaldas y con gafas de sol ocultando su mirada…, hubiera jurado tratarse de ella.

– Perdona… – pregunté nervioso – ¿Paula…?

– No, creo que te confundiste – me contestó amable la joven tras girar su cabeza hacia mi, haciendo evidente mi error.

Terminé la bebida y con un fin de semana por delante sin sentido alguno y aquel pañuelo entre mis manos, de repente se me ocurrió: “creo que debo visitar a Scarlett y su piano…”

Con “I Can’t Stop Loving You” en el reproductor, ya en la carretera, me dio la impresión de que solo mi viejo coche, sería capaz de comprender mi única esperanza.

 Ray Charles “I Can’t Stop Loving You”

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