EL AÑO DE LA LUNA – VII – Kairuán, la Ciudad Santa

Kairouan-4

Al igual que la llegada al El Jem, muy entrada la noche y tras un largo e intenso galopar, los tres jinetes, superado un collado dieron vista a la gran llanura de Kairuán.

De escasa altura, vegetación característica de la estepa y algunos acuíferos salobres, la región no era de difícil transito para los caballos. Estos pudieron durante toda la tarde, tras un breve descanso al mediodía en el pequeño oasis de Samrá El Hem al borde de una gran depresión salitrosa, cabalgar sin descanso y a buen ritmo hasta avistar las luces de Kairuán.

– ¡Señor, Señor! ¡Aquello es Kairuán! – gritó entusiasmado Issam.

– Si Issam, así debe ser – le contestó su jefe.

Quizás el hecho de que Kairuán, a diferencias de otras ciudades de Ifriqiyah con historia anclada en tiempos incluso prerrománicos, hubiera sido fundada por los árabes y que al poco de su creación levantaran la Gran Mezquita, el lugar mas antiguo del mundo musulmán, hizo de esta urbe la capital espiritual y religiosa del Magreb y una de las ciudades Santas del Islam.

Los beréberes, pobladores primitivos de aquellas tierras, la asediaron continuamente y con la misma firmeza y decisión fue defendida por la milicia árabe. Pacificada la zona y cuando los fatimíes trasladaron su gobierno a Mahdia en la costa, se entregó su gobierno a los beréberes que se rebelaron. Los fatimíes se vengaron y llegando desde Egipto junto a tribus nómadas, arrasaron la ciudad para ser reconstruida posteriormente.

Kairuán era el gran centro religioso de Ifriqiyah, donde las creencias y leyes musulmanas estaban más arraigadas que en el cualquier otro lugar del país.

– ¡La Ciudad Santa! – exclamó Yasír- siempre pensé visitarla y nunca lo pude hacer.

– Pues ahora lo harás y orarás en su mezquita, como buen musulmán – respondió Al Chaís.

Ante la contemplación en la lejanía del débil resplandor nocturno de la ciudad, los tres viajeros trotaban sobre sus caballos en silencioconsumiendo la distancia y especialmente los dos sirvientes, asombrados por la visión.

Mientras galopaba, en la cabeza del granadino todavía resonaban las sonrisas de sus amigos el zalmedina de El Jem, Al Sharif y su mujer Sarát, cuando detectaron que el solitario amigo, por fin, parecía haber encontrado alguien en quien pensar aunque sin lograr arrancarle su identidad.

Pensando en ello, Al Chaís no acertaba a entender como no pudo proferir su nombre. No por el hecho de ser una mujer comprometida, con la que pudiera entenderse algo como una aventura más; tampoco quizás por no agradarle lo suficiente.

Era entonces cuando se dolía de su suerte. Mirando hacia atrás en su existencia entre el monótono cabalgar, encontró que ésta no había sido lo afortunada o deseable que hubiera querido en lo afectivo, incluso desde su niñez marcada por la ausencia materna. Siempre se había entregado y amado profundamente a las mujeres de su vida el tiempo que con ellas hubo, pero ¿Podía realmente amar…? ¿Podía realmente ser amado…?.

No dudaba en reconocerse como hombre que necesitaba precisamente eso, amar y ser amado. No entendía la vida sino con alguien con quien compartir su capacidad de ternura y su personalidad apasionada sin limites; pero el destino, ese en el que él no creía, parecía empecinado en demostrar su poder llevándolo de un lado a otro, perdido sin sosiego.

rasha-4La joven Rasha, recién entrada en su vida cuando la soledad más le acuciaba, surgió como un soplo de aire fresco inesperado. Toda su hermosura regalada al maduro Al Chaís sin pedir nada a cambio, generosa y deseosa solo de ser amada por aquel hombre, confundía su mente y le hacia dudar como siempre hasta ahora en su vida.

Mientras se regocijaba en el recuerdo de la hermosa muchacha, la eterna duda le perseguía a la vez, preguntándose a si mismo: ¿Dónde estás…? ¿Eres tú…? ¿Quién eres…, que es lo que no termina de irrumpir en tu vida…?.

Parecía intuir, sin desearlo, que no había llegado el momento, la persona, ese estadio que sin saber dibujarlo en su pensamiento, habría devenir para su gozo o su dolor, pero no para su indiferencia; alguien, algo como un horizonte a perseguir tan lejano como irrenunciable.

El final de todos estos pensamientos siempre le conducían a su eterna melancolía de la que trataba de escapar circunstancialmente, hasta que de nuevo, día tras día, su alma doliéndose en soledad, le devolviera a la realidad.

Se consideraba a si mismo un hombre algo diferente, con cierta suerte. Su existencia, su trabajo a la sombra de su padre, le llenaba; su ansia por los conocimientos mas plurales se había convertido en la motivación de su vida, a la vez que le permitía acercarse a la razón y gozar de la libertad intima que solo la noción procura y en la medida de lo posible, la divulgación de esta verdad, la única que desesclaviza a los hombres, según su entender.

Darro, su hermoso caballo berberisco, relinchó suavemente rescatándolo de sus pensamientos. Las tibias luces de la ciudad aún en la lejanía, excitaban al inteligente animal que ya presentía su merecido descanso.

Vuelto a la realidad y ante si, aunque aún en la distancia Kairuán, su espíritu se animó. Allí encontraría de nuevo a los amigos que hizo en la ciudad donde trabajó por primera vez en Ifriqiyah. Guardaba buenos recuerdos, y lo mejor, tenía tanto encomendado en esta ocasión y su trabajo era tan importante, que lo ilusionaba.

Si, Kairuán siempre guardaba algo especial para aquel hombre, que aunque buscó el horizonte marino de Mahdia para vivir lo mas cercano al recuerdo del levante de Al Ándalus, siempre la visitó con ganas y a menudo, y en esta ocasión especialmente, pues había transcurrido demasiado tiempo sin haberlo hecho.

En la nebulosa del anochecer, el amurallado de la ciudad se dibujaba con dificultad en el oscuro horizonte, como una sombra alargada sobre la que comenzaba a vislumbrarse el pequeño resplandor de las luces del interior. Cansados pero excitados por la vecina llegada, los jinetes de forma involuntaria, parecían azuzar a sus monturas con un deseo inexpresado y los caballos presagiando el descanso desde hacia rato, parecían adivinar el pensamiento de sus dueños.

Para Yasír e Issam, el viaje era una aventura mágica. Sabían de la gran consideración e importancia que su señor Al Chaís disfrutaba entre las autoridades de la ciudad y les impresionaba la cercanía a estos, que iban a disfrutar.

A su llegada a la ciudad, la gran empalizada de piedra a modo de muralla, impresionaba a los viajeros, en especial a Yasir e Issam, a los que la inmediatez de la Ciudad Santa les producía un gran respeto y admiración.

puerta medina-1En las inmediaciones de la fortificación y antes de llegar a la puerta sur de la medina por donde entrarían, pequeños mercaderes y campesinos, echados sobre viejos lienzos o alfombras, dormitaban esperando el alba, para entablillar sus modestos puestos de mercaderías en algún rincón libre del zoco.

Superada la entrada, el adoquinado del suelo que apenas cubría poco mas de la propia y hermosa puerta Bab el-Jalladin, hacia resonar el repiqueteo de los cascos de los caballos, que aunque con paso cansino, reverberaba en la noche de la ciudad esteparia.

Antes de llegar al edificio que los acogería durante su estancia en la ciudad, Al Chaís condujo su comitiva en dirección a un pequeño y conocido pozo con una fuente adosada, donde darían agua a sus exhaustos caballos. Al lado de éste, un camello recostado dormitaba; el mismo, que con sus ojos vendados accionaría la noria durante el día, suministrando agua al abrevadero.

Poco a poco fueron entrando en la medina en dirección norte de la misma donde se encontraba la Gran Mezquita; antes de llegar a ella, a corta distancia se levantaban los restos conservados de un antiguo palacio aglabí de una sola planta, destinado ahora a albergar a los visitantes de importancia señalada. Una lámpara de aceite de varias mechas encendida en su puerta, destellaba dando espera a los viajeros anunciados.

Yasír, presto, bajo de su cabalgadura y dio dos golpes secos casi innecesarios, en la pesada puerta de entrada pues al instante, un sirviente avisado por el paso de los caballos, franqueó la entrada a los viajeros.

– Bendito seáis señor – los halagó el hombre, reconociendo a los visitantes – Que Alá os depare la mejor estancia entre nosotros.

– Alá, te guarde, viejo amigo y te colme en reciprocidad por la generosidad de tus palabras – correspondió Al Chaís reconociendo a la persona que formaba parte del servicio del antiguo edificio, el mismo donde vivió Al-Chaís durante su estancia anterior en la ciudad, recién llegado de Tunes.

– Ser bienvenidos a Kairuán – terminó el anciano.

Conducido a sus habitaciones en la parte mas noble del edificio y preparadas al afecto de su llegada, se encontró cómodo y rodeado de recuerdos. En la trasera de la vieja mansión, unos cuartos independientes darían habitación a sus criados Yasír e Issam. Las cuadras, también en la trasera del edificio, suficientemente amplias para varios animales y sus pertrechos, dieron alojo a sus caballerías.

El que fue en su día palacio para un gobernador, era en la actualidad un edificio relativamente conservado y adaptado para dar alojo a visitantes importantes, principalmente autoridades administrativas, o militares.

En el ala sur del mismo, se encontraban las habitaciones de Al-Chaís. Una primera, a modo de entrada y salón relativamente amplio que daba en una de sus ventanas, a una plazuela de la medina, divisándose desde la otra la fachada del Gran Mezquita.

Kariouan MEZQUITA-9Desde este salón se accedía a un pequeño patio, donde se ubicaba una fuente, rodeada de plantas. En un rincón del mismo, un cuarto daba cobijo al retrete. A su lado, otra pequeña habitación albergaba un baño, de considerable tamaño.

Al dormitorio, no menos importante en dimensión, se accedía desde el salón y desde el patio, mientras que otra ultima ventana, dando a otro patio general y mas grande edificio, daba vista a las dependencias utilizadas como biblioteca o cuartos de trabajo, en tiempos madraza, o escuela esporádica que a su vez se comunicaba mediante una puerta al final de un corto pasillo, sin uso desde hacía muchos años.

Si bien hasta la tarde del día siguiente, el viajero no había de encontrarse con las autoridades que le aguardaban, el cansancio y la excitación de sentirse otra vez en la Ciudad Santa, le hizo difícil conciliar el sueño.

En esos instantes en que la fatiga no podía con su mente, le llegaron a la memoria los días de su primera estancia en Kairuán. Tras su huida de Granada y la llegada a Tunes junto a su familia donde vivió algún tiempo, fue allí donde el Sultán Abú Hafs le encomendó las labores que desarrollaría, su primer destino en Ifriqiyah.

La vieja Ciudad Santa más importante del occidente musulmán le brindó entonces una calurosa acogida, sobre todo entre las clases y población de pensamiento más avanzado y heterodoxo.

El hombre de Granada, simbolizaba la modernidad, que en regiones más costeras de levante y norte, famoseaba entre los corrillos de las ciudades del interior. Al Ándalus y todo lo relacionado con el occidente mágico, atraía por lo avanzado de su sociedad, cultura, en definitiva, por representar el horizonte deseado culto, delicado, sensual y permisivo, atrayente a un pueblo que iniciaba, por voluntad del Sultan tunecino, su mejor tiempo, ávido de libertad y desarrollo.

Kairouan-2A la mañana siguiente, no muy temprano, los tres hombres tras asearse tomaron un té y algo de pan con miel. Después de revisar el estado de sus caballos en las cuadras del palacete, salieron a la calle ya bulliciosa, con el ir y venir de las gentes a los zocos.

Al-Chaís, invitó a un paseo a sus amigos por la medina e invirtiendo el trayecto de su entrada en la ciudad, vieron al pobre camello que la noche anterior descansaba junto al abrevadero; se encontraba esta vez, como siempre con sus ojos cubiertos por un trapo, haciendo girar en lento, monótono y circular peregrinar, la vieja noria que abastecía de agua a personas y caballerías.

Cerca de allí, Al- Chaís se dirigió a sus acompañantes:

– Quiero que demos gracias al Señor, por protegernos hasta aquí. Vayamos a orar a un lugar de especial significado para mi. Aquella mezquita.., mirar…, allí.., al fondo a la derecha…

– Es extraño que exista para ti alguna mezquita especial, siempre te veo parco en tus rezos… – apuntó Abú Yasír con curiosidad y cierta sorna, por el extraño detalle de su jefe.

– Cuando llegué a Kairuán, quien luego seria uno de mis mejores amigos y colaboradores, el Caid Abd Al-Muzaff, al recibirme homenajeó mi persona, mi tierra y mis gentes, llevándome a orar recién llegado a esta mezquita llamada de la Tres Puertas y levantada por un andalusí hace cuatro siglos, en la que entregue mis primeros rezos al Todopoderoso en esta Ciudad Santa.

Kairouan mezquita tres puertas-1… Recuerdo que oré mientras lloraba emocionado; mi amigo entonces acercándose a mí, dijo: “El Maafiri fundador de este sagrado lugar, tu y tantos otros llegados de Al Ándalus, sois hombres a los que este país habrá de reconocer y pagar vuestro esfuerzo y generosidad” . A continuación terminó: “En el nombre del Profeta te doy la bienvenida, buen Al-Chaís”.

Abd Al-Muzaff, Caid de Kairuán, era un hombre bastante mayor que el granadino, al que todo el halo andalusí excitaba de sobremanera. Culto, de trato agradable, costumbres permisivas y gran conversador, gozaba del favor del Sultan, principal apoyo que lo mantenía en su cargo ante sus adversarios, como no, los religiosos de siempre, celosos de todo movimiento revestido de heterodoxia.

No es difícil entender como ambos personajes entablaron una gran complicidad el tiempo que Al-Chaís estuvo en Kairuán. Sus gustos liberales, las reuniones en el bazar, las tertulias donde se debatían las noticias del exterior y se licenciaban las costumbres menos confesables, también como no las mujeres, pues el viejo Caíd, tenia tres; las mas joven con apenas veintidós años, motivo de comidilla en los corros de la Ciudad Santa, sobre su desempeños matrimoniales, atribuyéndole carencias, que por otra parte la joven se despachaba con el “joven” servicio de la casa.

Al-Chaís, se alegraba de volver a Ciudad Santa, de encontrarse con su viejo compañero y otros tantos que le facilitaron sus primeros días en Ifriqiyah.

A las cinco de la tarde, el Caid Al-Muzaff, el Prefecto o Zalmedina Adib Al Bashir , el viejo policía, el Zabalzorta Hamdam Had, todos ellos viejos amigos tertulianos y el Almotacén o Zabazoque del zoco Jattár Ben Al-Faquír, hijo de su viejo amigo

Al-Faquír – al que conoció, junto a su familia la noche que fue invitado en su casa de Mahdia, donde también vio por vez primera a la joven Rahsa – todos ellos junto con Al-Chaís, serian recibidos en la Gran Mezquita por el Alfaquí Idrís Al Mushín, la máxima autoridad religiosa y el Imán Hamed Allah.

Si bien el acto era protocolario, no era menos importante por ello. La oposición constante de los Ulemas e Imanes a todo hecho progresista o de corte liberalizador, les escandalizaba tal forma que se convertía en el tema de sus soflamas y estas, en la constante advertencia al pueblo de la peligrosidad de la relajación de las costumbres más conservadoras y ortodoxas.

Su poder era fuerte, aunque mas lo era la voluntad del Sultan, por modernizar el país y esta se convertía en el único freno que moderaba sus discursos y acciones.

Si bien la interferencia de los religiosos en los trabajos administrativos era mínima, no era esto el objeto de su preocupación. Como en tantos sitios de Ifriqiyah, el advenimiento de los andalusíes con lo que ellos llamaban “costumbres relajadas”, su cultura humanística y las licencias en sus ocios, todo ello lo advertían como el mayor peligro para su sagrada doctrina, y mas aún, el principio del fin de su poder, en definitiva, la entronización de una sociedad mas laica.

A esa hora, las cinco de la tarde, Al-Chaís, vestido según su costumbre para estos fastos, de túnica blanca, al más puro estilo omeya y capa de rojo nazarí, se encontraba en la puerta de la Gran Mezquita con el resto de las autoridades.

Mosquee-de-Kairouan-07_ontt_gallery_big_articleEn el zaguán de la sala de rezos, el Alfaquí Idrís Al Mushín y el Imán Hamed Allah, apostados en espera puntual, avanzaron un paso al reconocer la presencia del hombre de Granada y aquí también, alto representante del Sultan Abú Hafs.

– El Señor bendice este día al aportarnos tu presencia y nosotros en el nombre del Profeta te damos la bienvenida, a la vez que festejamos la gloria de nuestro Sultan, al que reverenciamos en su enviado – saludó el Alfaquí, la autoridad suprema religiosa de Kairuán – Sois bien recibidos todos mis amigos.

– Bienvenido seas a la Ciudad Santa, Ben Al-Chaís. Ala te guarde a ti y a nuestras autoridades que te acompañan – saludó a su vez con tono seco el Imán de la mezquita.

Al-Chaís, ceremonioso, contestó:

– Esta es la tierra de Ala, y la mejor de sus casas, donde me reciben sus principales hijos. Hoy que soy acogido como en mi primer día en la Ciudad Santa, no puedo si no que ofreceros mi gratitud y pedirle al Señor que me ilumine para serviros.

macsura2-1
Tras los saludos protocolarios breves del resto de la comitiva, El Alfaquí Al Mushín invitó a los recién llegados, en primer lugar, a la oración de la tarde, dirigiendolos para ello hacia el recinto mas privado de la macsura, lugar reservado para el rezo de los principales, sitio adornado con madera tallada y torneada que hermoseaba y daba categoría a la estancia.

Tras la oración, El Imán indicó la entrada a todos ellos hacia una pequeña biblioteca al fondo de la macsura, donde departieron informalmente, interesándose el Alfaquí por la razón del viaje del andalusí, quien de forma superficial, le informó de su fin y alcance.

El Alfaquí, de talante serio y discreto acorde a su cargo, sin apenas emociones en sus gestos, conversó durante un buen rato con los visitantes en tono distendido a la vez que algo distante. Dando por terminada la visita, el anciano se levantó y seguido por el Imán, despidieron a locales y recién llegado, deseándoles venturas en su trabajo y buena estancia en la ciudad.

Esa noche, terminada las oficialidades, El Caid Al-Muzaff, su amigo, una vez solos los más íntimos, balbuceó:

– Se de un lugar, en el zoco de los zapateros, un bazar…

A partir de la mañana siguiente, Al-Chaís tendría un par de días para preparar sus trabajos y legajos para la reunión de planificación sobre los mismos, que habría que tener con el Zalmedina de Kairuán Adib Al Bashir.

La modernización de Ifriqiyah, estaba basada en la admiración que el Sultán y las clases altas de la sociedad, sentían por Al-Ándalus. A nivel territorial y administrativo, intentaban asimilar, adaptando a sus necesidades y hechos diferenciales, sus divisiones territoriales y militares, así como y esto era lo mas pretendido, sus sistemas de comercio e impuestos.

A su vez, la paulatina caída de Al-Ándalus en manos cristianas, habían propiciado la huida de musulmanes andalusíes con todos sus enseres, pertrechos y riquezas, hacia el interior de África, buscando al sur del magreb, en especial en los territorios del alto Níger, asentarse.

Esta huida, por motivos obvios, suponía cruzar tierras y rutas llenas de peligros, de banderías a la espera con la voluntad del asalto y robo.

Tampoco los benimeries del otro lado del estrecho, si bien se proclamaban amigos y protectores del reino nazarí, en realidad solo estaban atentos a sus debilidades para hacerse con Granada, a la vez que dificultaban el paso de los huidos hacia el sur permitiendo a veces el saqueo de los mismos. Todo ello por obvia necesidad, propició la apertura de nuevos itinerarios para estos fugitivos, que si bien de más largo trayecto, también lo eran más seguros.

Coincidió en el tiempo la voluntad del Sultán Abú Haf de dar cobijo a todo andalusí que así lo pidiera, y de esta manera fue como para muchos, Túnez se convirtió en su nueva patria, o con gran frecuencia, su primera parada de descanso seguro para luego atravesar toda Ifriqiyah hacia el sur buscando los grandes ergs, esteparias y arenosas puertas del Gran Sahara, que cruzarían debidamente guiados hasta el alto Níger, fin del trayecto de muchos de ellos.

Ksar-Ghilane_ontt_gallery_article (3)Todo esto impulsó aperturas de no solo nuevas rutas en aquella dirección, si no otras muchas que se cruzarían y complementarían, en todo el sur y el este del país, en las zonas más pobres y necesitadas de mayor desarrollo.

En el gobierno de Tunes, los almojarifes, ministros que cuidaban del recaudo de rentas e impuestos reales, habían adivinado las grandes posibilidades recaudatorias que abrían las nuevas perspectivas. Solo había que dotar al país

de la normativa adecuada y su divulgación. Si bien el norte se encontraba relativamente modernizado y sus sistemas agrícolas, de comercio y artesanales, bajo el control de la administración, el sur en toda su extensión, era un caos por ordenar.

El comercio, la militarización y vigilancia, la creación de lugares de posada o descanso y avituallamiento, la contratación de guías y escoltas, conllevaba la necesidad de administrar todo ello por la fuente de riqueza e impuestos que supondría. Además todos estos puntos de control, favorecerían el acercamiento de las gentes, propiciando el nacimiento de poblados alrededor de estas infraestructuras, especialmente por la seguridad que aportaban.

La creación de casas de depósitos de dinero con garantías reales, el uso de documentos de cambio, pagarés y otros, que hacían innecesario el viajar con moneda y con ello los pagos en metálico, con la consiguiente seguridad que esto comportaba en los viajes e intercambios comerciales.

paloma mensajera-2.jpgLa ubicación adecuada de centros de crianza y corrales dedicados a la cría, cuido y adiestramiento de palomas mensajeras, para facilitar la mensajería oficial y militar de carácter urgente y reservado.

Toda la divulgación por rutas, tribus, oasis, en lo posible en sus lenguas y la implantación de toda esta novedosa reglamentación comercial e impositiva, la preparación de toda esta enorme labor, no era otro que el cometido futuro de Al-Chaís y para el que había viajado a Kairuán.

Encontrar para su servicio las gentes adecuadas con conocimientos de las distintas lenguas o dialectos beréberes, tuaregs, magrebíes, beduinas, transmitirles las ordenes oportunas para una breve traducción escrita en lo posible, de los “avisos” legislativos.

Mediante todo esto, el anuncio de la presencia del ejercito en las rutas fronterizas para dar protección, a la vez que dar a conocer y hacer cumplir las obligaciones fiscales impositivas y las penas en su defecto, todo ello, como la posterior supervisión en las principales ciudades y oasis del sur del estado, su divulgación, en definitiva este sería su trabajo.

Tras preparar los temas a tratar al tercer día de su estancia en la Ciudad Santa, Al-Chaís habría de reunirse con su amigo el Zalmedina de Kairuán Adib Al Bashir, el Almotacén o Zabazoque del zoco Jattár Ben Al-Faquír y el resto de autoridades administrativas, y tras informar de sus planes, proponer las necesidades y las ayudas que ellos, sus amigos, habrían de facilitar para llevarlos a buen fin.

La amplia y refinada casa del Zalmedina acogió la reunión. Después de un breve contacto y saludos amistosos, en un salón delicadamente decorado, Al-Chaís expuso a sus amigos el contenido del mandato del Sultán que le había traído ante ellos.

– La mayor dificultad – sintetizó al final de su exposición – será encontrar estas gentes que puedan conocer algo de escritura en lenguas y dialectos, los mas posibles, para que de forma sencilla y comprensible podamos transmitir el nuevo ordenamiento comercial entre personas que puedan a su vez entenderlo y divulgarlo, en sus respectivos territorios.

Para ello – prosiguió – habremos de habilitar temporalmente un lugar, donde estos amanuenses, puedan realizar su labor consistente en elaborar múltiples copias de todos los documentos que faciliten su difusión, en árabe vulgar y en las lenguas y dialectos del sur los más posibles.

A otros colaboradores a su vez en los zocos de las principales ciudades,  poblados de paso, oasis – terminaba – se les dará autoridad para informar verbalmente, mediante atenciones a caravanas y comerciantes.

desierto y palmera-1El sur, esta basta región despoblada a diferencia de la costa norte y este del país, se encontraba totalmente ajena prácticamente a cualquier control del sultanato. Únicamente, por los problemas de piratería de otras rutas, se auspiciaba como alternativa a las mismas. Era el momento de provocar su crecimiento, y por ende, el control económico creciente que además abundaría al ya existente en el país.

El Zalmedina de Kairuán Adib Al Bashir, intervino:

– Este problema de lenguas y dialectos, es de una gran dificultad, pero quiero recordarte Al-Chaís, que contamos con la familia de Jattár Ben Al-Faquír. Su padre, tu buen amigo, el viejo Al-Faquír, cuando llego a Kairuán con su familia desde el sur, se ganó muy justamente el cargo de zabazoque del zoco, en virtud de su honradez y el conocimiento de lenguas y dialectos de los ergs y el Sahara. Sabemos que su hijo Jattár, hoy zabazoque de la ciudad, como sabes, así como su familia han heredado estos conocimientos, ¿no es así buen Jattár?

– Así es, y sabes que toda mi casa, estamos a las ordenes del Sultán.

– Ya lo sabemos y Alá te premie por ello, además me consta que tu hija mayor, colabora en la enseñanza de mujeres en la mezquita. Creo – prosiguió – que ella y algunos más que nos propongas con estos conocimientos, podrían desarrollar las labores de traducción y copia de documentos. Hemos de habilitar lugar para ello cercano a nuestro amigo Al-Chaís, para que en el tiempo que esté entre nosotros, pueda cumplir su cometido – terminó el Zalmedina.

– Creo – intervino de nuevo Jattár – que en el ala norte del palacete donde se encuentra Al-Chaís, en la antigua escuela o madraza, podríamos habilitar un lugar de trabajo con estos fines ¿Que os parece…?

– Una excelente idea, buen amigo – asintió el Zalmedina a la vez que con gesto afirmativo, el andalusí se sumaba a la proposición.

Esa noche y algunas más, hasta que terminaron de adecuar el local contiguo al salón de su alojamiento, Al-Chaís, excitado por el inminente comienzo de sus labores, no hacía otra cosa que pensar en su trabajo. Pedía a Dios en sus oraciones que las gentes propuestas les fueran propicias y poder cumplir con su cometido.

Terminado el acomodamiento de las habitaciones destinadas a su trabajo, hizo llevar a sus ayudantes Yasír e Issam todo el abundante material traído desde Mahdia, desempaquetando y ordenándolo en lo que seria su despacho, separado únicamente por un arco sin puerta, de la habitación donde se encontrarían el resto de auxiliares bajo su control.

Así llegó el día señalado, donde el hombre de Granada conocería a sus colaboradores. Apenas despuntado el día, aseado y vestido para la ocasión, esperó en el salón de su casa la llegada del Caíd Abd Al-Muzaff, así como del Zabazoque Jattár Ben Al-Faquír.

Un criado del palacete, anunció la llegada de las autoridades.

Tras saludarse y charlar breves instantes, los tres hombres, ya desde el propio alojamiento de Al-Chaís, cruzaron la puerta que los llevaría a la vieja escuela aledaña.

Un breve pasillo conducía a un primer despacho, el de Al-Chaís, que mediante un arco se comunicaba con la sala de trabajo donde tres mujeres y dos hombres esperaban en respetuoso silencio.

Al verlos entrar, una de ellas con el hayib, cubriéndole gran parte de su cara, se adelantó al resto e inclinándose lo justo, sin perder dignidad alguna, dirigió unas palabras de bienvenida, en nombre de ellos:

– Alá, nos señala consignándonos a tu servicio. El que ha sido generoso con nosotros que lo sea con nuestro Señor, al que Dios depare bendiciones. Se bienvenido.

Aún con sus mejillas cubiertas por el pañuelo, su voz y el escaso rostro que dejaba ver, se adivinaba una mujer joven de gran personalidad. Sus ojos, fijos en Al-Chaís, sin pestañear apenas, llamaron la atención del hombre, al que sin dar tiempo para responder, la mujer prosiguió:

– Ellos son Hamid Ifaz y Abdel Hazam; ellas, Adla y Nacira. Mientras los presentaban, bajaron sus miradas a la vez que se inclinaban ante los recién llegados.

En ese instante y ante la perplejidad de Al-Chaís, intervino Jattár:

– Tienes que recordarla, es mi hija mayor Muún-Anaí, la conociste hace dos o tres años en Mahdia, en casa de mi padre ¿recuerdas…?

Mujer tunez-1– Oh si, si…- exclamó Al-Chaís – lo siento, lo siento…, sabia que eras alguien que conocía o presentía…, tu eres aquella niña…, de mirada curiosa y persistente…, no se que decir, que sorpresa mas agradable….- balbuceaba mientras buscaba en sus ojos los recuerdos de aquella noche en casa de su abuelo, el viejo Al-Faquir. Dios os guarde a todos, os agradezco vuestra bienvenida; yo soy Ben Al-Chaís, desde hoy, vuestro amigo y compañero. Hemos de trabajar juntos y estoy seguro que un regalo Alá me otorga, al encontrarme entre vosotros.

Tras los breves saludos y presentaciones, sin reponerse aún de su disimulado asombro, trataron un poco sobre la personalidad y conocimientos de los, desde ese día sus nuevos colaboradores.

El viejo Caíd, refiriéndose a ellos, explicó:

– Ya veo que conoces a la joven Muún-Anaí; ella será tu principal colaboradora. Durante este último año ha desempeñado labores de enseñanza a mujeres en la madraza y está, pese a su juventud, capacitada para trabajar a tu lado.

… Habla como su abuelo el amazigh, algunos de sus dialectos y conoce algo de las lenguas tuareg, el tamahaq y el tamachek, también lo más importante, puede escribir algo el tifinag – la joven bajó su mirada, un tanto ruborizada por la elogiosa descripción de sus habilidades, mientras proseguía:

… Hamid y Abdel son viejos conocidos de Jattár, pues trabajaron en el zoco con su padre tratando con dispar gente y ambos poseen conocimientos de dialectos sureños y del oeste propios de las caravanas que llegaban de esos vientos, así como Adla, nacida en el sur, en Ghadamés o Nacira, cuya familia proviene del este, de Egipto y que habla el tasiwit.

Todo el resto del día, tras marchar Jattár y el Caíd, discurrió ordenando documentos y conociéndose un poco. Hamid y Abdel, eran hombre mayores de aspecto normal y comportamiento discreto y solícito. Las mujeres, de unos cuarenta años Adla y treinta y pocos Nacira, habían sido reclutadas por Muún-Anaí, desde la madraza de mujeres.

La primera desposada con un jardinero y la segunda, que había terminado siendo repudiada por su marido, suerte que agradeció, ante la imposibilidad de obtener años antes un divorcio, trataba de recomponer su vida.

Durante este tiempo, furtivamente las miradas del granadino y de la joven Muún-Anaí, se cruzaron repetidas veces, como sorprendidos por la situación tan inesperada. En una de esas ocasiones, en un nervioso movimiento la joven, perdió la punta del hiyab que ocultaba su cara y al gesto de llevarlo otra vez a su lugar, se encontró con la mirada de aquel hombre. Al-Chaís, desvió su mirada sin saber que hacer, perturbado, sin otra atención en la que poder disimular su sorpresa.

La niña mujer que conoció, era ahora una hermosa joven, con los mismos ojos, la misma mirada, mientras que pinturas propias de su edad decoraban su cara, a la vez que su pelo se adornaba de mechas de color púrpura.

Al final de la jornada en su cama, dormir se le antojaba arduo, pero el cansancio lo venció finalmente. Mediando el intranquilo sueño, despertó bruscamente, nervioso, y tratando de serenarse se incorporó buscando el fresco en la ventana abierta de la estancia. A través de ella, descubrió una gran luna llena en un cielo de plata.

Mas sereno, no pudo evitar por un momento el recuerdo de aquella noche, dos o tres años atrás, en casa del viejo Al- Faquír, en Mahdia, donde en el momento de despedirse, dirigió su mirada al rincón del salón donde los niños agitaban sus manos despidiéndolo, a la vez que Muún-Anaí la niña mujer, no apartaba su hermosa mirada de la suya mientras marchaba. También recordó, que en aquella ocasión, camino a su casa, en el cielo, brillaba otra gran luna llena, que le llamó la atención.

Fue entonces cuando la noche, se le hizo mas larga.

Luna-2-recortada
Continuará…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s