LUCA

Camada-1-Recortada

 

“Como un juguete roto y sin valor, aquella primera noche en soledad, se me hizo eterna…”

Cuando me apartaron de mi madre y mis hermanos, además de la consiguiente tristeza por no entender a mi corta edad la razón de aquello, quedé envuelto en una aterradora inseguridad.

Tras unos días de angustia, expuesto en la pequeña jaula de una tienda, alguien desconocido, tras examinarme curiosamente y pagar por mi como si de un objeto se tratara, me tomaría en sus brazos llevándome con él.

Recuerdo la algarabía jubilosa cuando llegué a aquella casa. Posiblemente, en aquellas fiestas especiales en medio de un frío invierno, debió satisfacer mi presencia el deseo de unos pequeños que, desde que me tuvieron, parecían no poder estar sin mí y los juegos que comenzábamos a compartir.

No me costaría mucho tiempo adaptarme a mi nueva vida. Todo eran atenciones y me sentía feliz, tenía una nueva familia que comenzaba a calmar mis miedos y llenar mis soledades. Comencé a sentirme protegido.

Poco a poco, lo normal, fui creciendo y mis necesidades diarias, mi energía, precisaban cierta dedicación por parte de mis dueños que, indispuestos, comenzaban a discutir entre ellos a “quien podía tocarle” ese día o momento de llevarme a “dar una vuelta”.

Conforme aquellos niños crecían, sus gustos cambiaban a la vez que menguaban nuestros tiempos de juegos y, si bien no me sentía como a mi llegada pues mi carácter iba haciéndose más independiente,  siempre necesitaba de sus afectos, aunque ahora todo el tiempo  entregados a unas raras pantallas en su manos, parecían entretenerles horas y horas, más que mi compañía.

Un día me pareció deducir que planeaban un viaje o eso a lo que llaman vacaciones, según pude adivinar a un pueblo blanco que decían “colgado” en una montaña, con un hermoso mar de alfombrada playa a sus pies.

Aquella madrugada, todos estaban excitados, tanto que yo mismo, compartía su alegría participando de ella, tal era mi dependencia afectiva con mi familia, todo cuanto tenía. Alguien me colocó mi arnés y, ya en el coche, a los pies de los chicos, comenzamos aquel viaje que excitaba mi toda mi curiosidad.

Tras penosas horas de carretera, llegamos a nuestro destino en las faldas de una sierra. Aquel lugar empinado de cuidadas estrechas e inclinadas calles serpenteantes, donde el paseo sujeto a mi correa, era un gozo y, que rara era la ocasión en que, al cruzarnos con gentes de extraños acentos, llamando su atención, no me saludaran cariñosamente.

Mojacar-2-Recortada

Era un lugar amable para los de mi condición. En cualquier lugar visitado, mi presencia no era una excepción, además de nada problemática, salvo en las noches. En las salidas de mi familia, si al principio no, luego me fueron dejando solo en una habitación que me provocaba, en medio de la ruidosa oscuridad, verdadero pánico.

En alguna ocasión, hube de ladrar con la esperanza de que me oyeran y alguien me acompañara, con la consiguiente molestia para los vecinos que se quejarían a la mañana siguiente de mi proceder.

Al cabo de unos días, apenas había tiempo para mí. Comenzaba a observar ser el centro de conversación sobre las inconveniencias de mi presencia, que no solo entorpecían sus intereses, sino que incluso, llegarían a comentar la incomodidad y molestias que comenzaba a provocar, hasta en nuestro propio hogar.

Al no mucho, llegó el tiempo de nuestra partida y vuelta a casa. Todos en el coche, esta vez observé cómo me dispusieron sobre el asiento junto a la puerta trasera derecha, entretenido y privilegiado sitio, me pareció.

Ya en la carretera, todavía entre casas y chiringuitos playeros, de repente escuché:

– Este es buen lugar, hay gente…, extranjeros que posiblemente lo recojan…

Dicho esto, abrieron la ventana y disminuyendo la escasa velocidad a la que íbamos, me arrojaron sobre la cuneta.

Asustado e incrédulo, comencé a correr tras el vehículo de mi familia, que veía alejarse mientras aumentaba su velocidad. Los seguí cuanto pude por la carretera, asustado por las bocinas de otros automóviles que me avisaban, cuando me interponía en su trayectoria. Estaba asustado, loco, no entendía lo sucedido.

Tras unas horas desorientado, agotado y terriblemente entristecido, fue cuando sentí verdadera desesperanza: me habían abandonado. Como un juguete roto y sin valor, aquella primera noche en soledad, se me hizo eterna.

Dos días pasé deambulando por aquella playa, bebiendo agua en cualquier charco y alimentándome de residuos encontrados sobre la playa. De vez en cuando, alguien se me acercaba, pero desconfiado y con miedo, salía huyendo hasta pequeño puente bajo la carretera donde, escondiéndome, pasaría varias noches refugiado.

LUCA abandonado-3-RecortadaUna tarde, un joven que paseaba por allí, me encontró en un estado lamentable. Desnutrido, sucio y enredado mi pelo blanco, la mirada compasiva de aquel hombre me produjo confianza, tal que llamándome, me acerque hambriento y temeroso hasta alcanzar su mano, mientras me ofrecía un trozo del bocadillo que él iba comiendo.

– Pobre animal – le entendí decir – te has perdido…, o quizás te han abandonado ¡Maldita gente…!

Entonces pasó su mano sobre mi cabeza, provocando su mimo un poco de sosiego y el único afecto recibido en estos últimos días de tremenda soledad.

Cuando el joven hizo ademán de marcharse, yo le seguí, pues algo intuía que me tranquilizaba en su compañía, pero viéndome tras él, me dijo:

– No puedes venir conmigo ¡ya me gustaría…! Pero no tengo sitio para ti ¿Lo entiendes?

Quizás mi mirada fija en la suya, esperanzada, le hizo recapacitar acariciándome de nuevo, mientras decía:

– Bien…, conozco un sitio donde llevarte y habrás de estar unos días allí, hasta que tu familia seguramente te reclame o puedan darte en adopción.

¿Adopción? Me pregunté a mi mismo. Era como volver de nuevo a la aterradora incertidumbre del principio de mi vida de cachorro, en aquella tienda, alejados de los míos y esperando el cariño de alguien.

Desde el alejamiento de mi madre y hermanos, hasta llegar a aquella familia donde me creí querido como uno más, para increíblemente luego ser abandonado como un juguete, un objeto inútil, la mayor tragedia que podía cernirse sobre nadie. Pero no tenía otra opción que esa, o morir de hambre o atropellado por algún vehículo.

Aquel muchacho me llevó hasta un centro, donde otros como yo, acudían con sus dueños para alguna cura o atención. Una cariñosa señora mayor, tras lamentar mi estado físico y anímico, me aseó un poco y, dándome agua y alimento, me ubicó en una jaula, donde me sentiría por lo menos tranquilo y atendido, aunque “prisionero” de la más angustiosa decepción sufrida con mi abandono. ¿Como era posible esta pesadilla?

Pasaban los días sin que nadie me reclamara, y podía escuchar cómo se hacían llamadas ofreciéndome con cierta premura, pues aquella señora había de partir de viaje, periodo en que aquel centro estaría cerrado. Era urgente mi “colocación” o habrían de abandonarme de nuevo a mi suerte.

Al parecer, advertida de mi situación, llegaría una mujer de agradable aspecto y cariñoso trato, que dijo querer hacerse cargo de mi cuidado, en acogida temporal hasta mi adopción,  llevándome con ella hasta su casa.

Mientras íbamos en su coche, me iba comentando que, alguien que vivía en el centro del país, me había reclamado para adoptarme y que en pocos días vendrían a recogerme. No puedo negar, que de alguna forma me consoló el saberlo.

Al llegar, aquella mujer, cariñosamente, me dijo:

– Vamos sal, aquí estarás bien y en este tiempo hasta que vengan a por ti, serás uno más de la familia, tendrás amigos y compañeros con quien jugar, pero primero habré de lavarte y peinarte. Iremos a la peluquería ¿te parece?.

Al bajar del coche y libre sobre una terraza empedrada, tuve el recibimiento de varios compañeros de mi “clase” que, si bien al principio me gruñeron, tras olisquearnos, al poco ya intentaban animarme a jugar y correr por el pequeño huerto de naranjos y palmeras, que rodeaba la modesta pero acogedora vivienda.

Al poco tiempo de estar en aquel tranquilo y novedoso lugar,  pude sofocar un poco mi tristeza por el trato de sus gentes y “compañeros”, pero sin poder evitar el melancólico pensamiento de que nunca habría un lugar como aquel para mi, aunque Bimbo, el más joven de mis nuevos amigos me animaba continuamente.

Bimbo-2- Recortada– Vamos no estés así, queremos que te sientas bien, pues de una forma u otra, ya verás que tus problemas terminarán. Por cierto ¿Cómo te llamas?

– No podría decírtelo, ahora no soy nadie….

– No digas eso – le contestó Bimbo con quien, por similar edad, haría “buenas migas” – pronto tendrás un padre como yo, que te pondrá un nombre, además de cuidarte para siempre. Mientras tanto ¿te puedo llamar “blanco”?

– ¡Claro que si…! Cuanta envidia me da veros tan queridos, jugando constantemente con ellos…, vuestra familia.

– No pienses eso,  también juegan contigo y te acarician, te tratan como uno más, al igual que a todos.

– Pero, entiéndelo Bimbo…, sin un padre como el tuyo, sin un nombre y nadie que me quiera y me trate así… ¿quién soy?, además, ni siquiera sé donde terminaré.

Reconozco que pasando los días, cada momento se me hacía más agradable jugando con mis compañeros y la atención constante de sus padres, pero sin que de mi cabeza pudiera escapar el sufrimiento de haber sido abandonado y en espera de que alguien pudiera quererme a su lado. Y lo peor, que no olvidaría nunca estos días, en este lugar tan sencillo de espacios armoniosos, donde fui tan bien recibido, aunque fuera de paso.

Una tarde, me pareció que Bimbo interpelaba a su padre.

– Padre, ya sé que somos muchos a vuestro cargo, pero “blanco”, es bueno, ha caído muy bien a todos y me pregunto si no habría un lugar para él entre nosotros.

Bimbo… – le contestó cariacontecido – sabes que entendemos la situación de tu amigo pero, a la vez conoces que esto no es posible. Está temporalmente con nosotros esperando que lleguen a recogerlo, pues alguien muy especial lo adoptará y estará tan feliz en su nuevo hogar.

Pero hasta esas perspectivas fallarían. Una tarde hablando entre ellos, sorprendí a los padres de Bimbo como con cara desconsolada, habían sabido que mi segura y esperada adopción no sería posible, había sido desestimada. No había un lugar para mi.

Me encontré desolado. Volvía mi vida a carecer de esperanza, de horizonte alguno. Me aterraba que al poco tiempo, acabada mi acogida temporal por esta familia, terminar en un triste asilo de animales enjaulados, hasta sus últimos días o si acaso, abandonado de nuevo a mi suerte, pudiendo acabar muerto en alguna carretera o de inanición.

Aquella mañana, mis amigos se extrañaban que no quisiera jugar, ni apenas discutir por un bocado. Me miraban y no acertaban a entender mi estado, como sin interés alguno por vivir.

LUCA triste-1-Recortada

Así pasó algún tiempo más donde imaginaba, que el centro de casi todas las conversaciones en aquella casa, trataba sobre la situación de mi futuro y temblaba de miedo, arrinconado y entristecido, viendo a mis amigos jugando y en aquella amorosa y constante relación con su padres.

A media mañana de uno de estos días y, antes de lo normal, los padres de Bimbo, llegaban inesperadamente. Tras saludarnos a todos, entraron en casa, donde por el tono, entablaron una larga  conversación que parecía importante.

Un poco después, serio, aquel hombre salió hacia el jardín sentándose pensativo en un muro de piedra al pié de un olivo, hasta donde se acercaron todos mis amigos a saludarlo. Mientras, yo me quedé alejado,  entristecido en un rincón, contemplando tanta felicidad. Entonces, al percatarse de mi soledad y que no me acercaba, me llamó.

– ¡He pequeño…! ¿No vienes a saludarme?

Solamente el tono de su llamada, tan cariñoso, fue suficiente para que acercándome hasta él, le mostrara mi afecto, aunque envuelto en temores y miedos. Me esperaba lo peor, probablemente una despedida, el anuncio de mi marcha definitiva de allí.

Ante mi sorpresa y, por primera vez, me tomó en sus brazos mientras me decía:

– Bueno pequeño… – me habló acariciándome al mismo tiempo – eres un buen chico y pienso que nadie merece vivir en abandono, sin hogar, sin nombre…

– ¿Sin nombre…? – le pregunté, por lo que esto significaba – Pero solo un padre podría nombrarme… ¿No…?

– Así es – me contestó mirándome con su media sonrisa de siempre, mientras inesperadamente me decía:

– Desde hoy te llamaras Luca.

– ¿Luca…? Pero…, si soy Luca…, ¿tú serás mi padre?

– Así es pequeño Luca, seremos tus padres, esta tu casa y, Bimbo y los demás, tus hermanos. Ya nadie habrá de venir a llevarte, ni a ofrecerte cobijo incierto.

Quería llorar, pero no sabía cómo hacerlo. Me volví loco de alegría mientras besaba y lamía su cara, sus manos, cuanto podía de su cuerpo.

Inmediatamente, salté desde su regazo buscando al pequeño Bimbo y los otros, mientras corría poseído de tanta felicidad.

– ¡Bimbo…, Bimbo…! ¡Soy LucaLuca…! ¡Me llamo Luca…, ya tengo padre…,  soy tu hermano…, vuestro hermano…!

Todos parecieron entenderlo e iniciamos una gran persecución corriendo uno tras otro por todo el huerto entre naranjos y plataneras, en bulliciosos e interminables juegos llenos de alegría donde, en cada ladrido, mis hermanos parecían repetir mi nombre… ¡Luca, Luca…!

Plataneras-1-Recrotada

Llenos de gozo, mientras sonreían contemplando nuestros juegos, aquella mujer y aquel hombre, transmitían su capacidad de querer a alguien más que así mismos.

*Música: “Adagio” – Tomaso Albinoni – Copernicus Chamber Orchestra, Horst Sohm (Live)

12 comentarios en “LUCA

  1. Quien no haya tenido un animal de compañía en casa no sabe lo que eso verdaderamente significa. Uno más de la familia. No puedo entender el abandono cuando nadie obliga a tenerlos. Claro que si se abandona una persona, se entiende lo que se puede hacer con una mascota. Buena reflexión. Narrada con esa impecable y encantadora prosa. Un abrazo.

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  2. Me parece preciosa la historia y creo que efectivamente así es como se deben sentir cuando les abandonan ya que no me cabe la menor duda de que ellos piensan entienden lo que decimos y por supuesto se comunican entre ellos.
    Personalmente no me fio de la persona a la que no le gustan los animales, demuestra no tener sensibilidad.

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  3. Aunque un poco tarde porque quería buscar el momento propicio y adecuado acabo de leer esta historia y ,con toda sinceridad, me ha dejado bastante tocado y apesadumbrado por una sencilla razón y es que desde hace ya unos 2 años tuvimos la suerte de conocer y convivir con SCOTTY y todo por la bendita culpa de mi hija Pilar que nos hizo descubrir un nuevo y hermosisimo sentimiento, el del AMOR a los animales y más concretamente a los PERROS.
    Pues bien, como decía esta historia ha llegado en un momento pleno de comprension y sensibilidad hacia estos insustituibles seres. He sufrido con su lectura, y ahí está lo BUENO y HERMOSO de un relato, que desate sentimientos y pasiones. Gracias AMIGO PEPE por tocar este tema que tan presente lo tengo últimamente. Cada vez más me tendrás como seguidor y lector de tus relatos porque siempre me aportan ALGO.
    Sigo esperando tus HISTORIAS.
    UN ABRAZO.

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    • Pienso que es TU SENSIBILIDAD es la que nos HACE MÁS SENSIBLES , y lo digo con toda sinceridad. Posiblemente TODO proviene y empezó hace ya años con las letras de la mayoría de TUS CANCIONES.
      Y no te preocupes que cuando tenga que ser DURO y CRÍTICO con tus publicaciones, LO SERÉ.
      UN ABRAZO FUERTE.

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