DON´T GIVE UP (no te rindas)

Pub-3-Recortada

“No te rindas, porque en algún sitio hay un lugar al que pertenecemos…”

Una  tarde de rumbo perdido, de esas de echar cuentas que te asoman al pasado, precipicio infranqueable donde yacen todas tus miserias y lo mejor de tus renuncias, quizás fue lo que le condujo al viejo bar al que no había regresado en años.

Aquel hombre finalmente anclado a la barra del pub, taciturno, consumía un segundo o tercer whisky de espaldas a una pantalla  por la que desfilaban “vídeos” de diferentes artistas, probablemente seleccionados por el dueño del garito, intentando atraer o no dejar escapar su melancólica clientela, que ensimismada en cada canción seguramente con diferentes evocaciones, llegarían a cada una de sus desiguales soledades.

Por un instante, creía estar rodeado de  veteranos  “soldados” a los que, derrotados, hirió el amor y que probablemente alucinarían reviviendo pasados momentos de gloria, sus “escaramuzas” ganadas, pero que perdida la guerra, solo les restaban fuerzas para dibujar en su cara un gesto tierno de añoranza, según la música los transportaba.

Vasos-3Parecía encontrarse ante la “Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band”, en aquella “Babel” lingüística con barra y múltiples grifos de cerveza, en la que se había convertido ese lugar de la costa.

– ¡Los “siglos” no pasan por ti, ja, ja, ja…! – bromeó el camarero observándolo, tras mucho tiempo sin verse – ¿Otra copa…?

– ¡Vale, viejo “guiri”…! – le contesto, despertándose de su aletargada contemplación.

Por Peter, el barman y antiguo conocido con el que se había reencontrado esa noche, también había pasado el tiempo, pero en sus pequeños ojos azules y su sonrisa generosa, todavía anidaba el soñador de antaño, que no parecía haberse sometido.

De repente, la irrupción en el ambiente de una voz quebrada masculina sobre un templado y armónico fondo musical, despertó abruptamente su atención.

Concierto-1-Recortada

Peter Gabriel  en la “vídeo pantalla”, a manera de un tsunami, irrumpió arrasando sin piedad pasados, presentes y futuro de aquellas gentes, mientras sonaba como intencionado para el momento, “Don´t give up”, la más hermosa de sus canciones de cuyo hechizo, especialmente aquel hombre, jamás pudo escapar.

“… No abandoné la lucha o eso me parece
Soy un hombre que ha abandonado todos sus sueños
He cambiado mi rostro, he cambiado mi nombre…”

El británico se acompañaba esta vez de la exquisita Paula Cole, que sin desmerecer a Kate Bush en el dúo original, enamoraba con su voz y la sensualidad de su estilizada figura enfundada en un sencillo vestido negro atirantado, que exacerbaba sensibilidades, hasta la irracionalidad.

Peter y Paula-1¿Injured…? –preguntó Peter con su acento de los river docks”, entendiendo el instante, pero sin ser contestado.

Si, su amigo se sintió herido, cuando la hermosa canción lo transportó hasta un mar de verdes azulados, donde realizaría las más hermosas singladuras de su vida y en el mismo donde naufragaría, inexperto en hermosuras tamañas.

A su recuerdos llegó aquella asomada mirada, tras el resquicio de una entreabierta vieja puerta verde, que irrumpiría para siempre en su vida, de tal forma que cerca o lejos, su presencia siempre se adivinaría entre cualquier hermosa contemplación que le sorprendiera.

Todos con él parecían rendidos, entregados a un pasado inapelable, prestando especial atención a los intérpretes y a la trágica como generosa letra del maravilloso tema, tal torpes náufragos en las escolleras del hastío, atraídos por engañosas sirenas. La preciosa Paula Cole, delicada hasta la saciedad, parecía querer salvarlos.

“… No te rindas, porque tienes amigos
No te rindas, todavía no estás derrotado
No te rindas, yo se que puedes hacerlo bien…”

Peter Gabriel-2Pero como insistía Gabriel, si bien nacieron fuertes y lucharon como les enseñaron, nunca aprendieron a valorar lo intangible ni a proteger los sueños, que por imposibles imaginados, tuvieron en su mano.

Ganada la “batalla” de sus vidas, parecía que todos hubieran renunciado a la alerta necesaria, sin darse cuenta que descuidando el baluarte de sus sentimientos, habrían de cambiar rostro y nombre, sin saber porqué, ni para que.

Ninguno de los allí presentes había aprendido a perder. Ni supieron cuando lo hacían. Tuvo que llegar aquella música con sus evocaciones, mostrándoles el balance de sus vidas y aunque el saldo pudiera parecerles equilibrado, no podían ser homologables los pesos en la balanza dispuestos. Puro espejismo, aquel oasis etílico.

Paula Cole-2-Recortada

De nuevo Paula Cole, con su sedosa interpretación y tremenda sensibilidad, se hacía dueña de la canción por momentos y avisaba…

“… No te rindas, nosotros no necesitamos mucho
No te rindas, porque en algún sitio hay un lugar
al que pertenecemos…” 

Aquel hombre no terminaba de imaginar, mientras apuraba el penúltimo de sus whiskys,  la magnitud de lo vivido. La interminable playa solitaria de sus paseos acompañados o aquellos viajes sin más equipaje que ilusiones y esperanzas, que parecían imperecederas.

La fuerza incontenible y arrasadora de sus encuentros. La noche en la pequeña capilla, entrando el agua de lluvia por la claraboya de su cúpula, entre sabanas de blanco satén.

Como repetía incansable Paula, cualquier lugar le había pertenecido, junto esa hermosa música, omnipresente en todos sus pasmosos y lujuriosos momentos, con la que acompañó la partitura de cada una de sus entregas.

Peter y Paula-2
Terminando la canción, parecía despertar la audiencia de un serio trance. Entonces, tratando de sacar de su abstracción al viejo amigo, Peter el camarero, se ofreció:

– ¡Venga, una copa por los viejos tiempos! ¿Vale?

– Claro que si ¡come on…! – contestó animado, aparentemente.

Y acercando sus vasos, despierto e instalado aún en difícil equilibrio pero, ya en la realidad, brindó con su viejo conocido.

Tras un breve rato de imposible conversación, tal era ya el efecto de su otro amigo “el escocés”, que sabía no poder conducir hasta su hotel y haciéndolo lo más prudente que pudo, dirigió su coche con intención de despejarse, hasta una playa cercana donde hundió sus ruedas sobre la arena, quedando atrapado.

Playa-1Allí, contemplando las mínimas olas de la tranquila noche que lamían la orillada fina arena, rielaban las luces del entorno sobre el apacible mar, quedándose profundamente dormido sobre el volante de su vehículo, preso de un extraño sueño.

Se encontró, en su fantasía onírica, caminando en un lejano desierto entre imposibles dunas arenosas donde sus piernas, angustiosamente, se hundían sin poder avanzar.

Entonces ante sí apareció, como flotando sobre ellas, la figura de una esplendida mujer de ojos y cabellos claros  envuelta en una túnica oriental que, dirigiéndose hacia él, le decía:

 Soy la Princesa de los Océanos de Arena, toma mi mano, te ayudaré… ¡don´t give up…! porque en algún sitio hay un lugar al que pertenecemos “

 

* “Don´t give up” de Peter Gabriel, con Paula Cole en su gira “Secret World Live”.

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