EL PIANO de Scarlett (3)

“I´m ready (to love you…)”

puerto banus-4Aquella mágica e inesperada noche en Puerto Banus lo trastocó todo en sus vidas.

Totalmente desubicada y confundida, Paula había abandonado la habitación del hotel mientras él dormía, tras una madrugada tan especial como agotadora. Abrió la puerta con sigilo sin provocar ruido alguno, dejándola entreabierta tras salir, con la misma intención de no ser sorprendida mientras lo hacía.

Todavía en el pasillo del hotel y en su cabeza la locura de aquel encuentro en el que seguía prendida, miró hacia atrás como si abandonara un sueño imposible.

De repente, regresó hasta la habitación que acababa de abandonar y volviendo a entrar con la misma prudencia de momentos antes, desanudó de su cuello el pañuelo de atractivos azules, dejándolo sobre una mesa de la habitación, a modo de un adiós o quizás, un no me olvides.

Aquel fin de semana había llegado a la moderna urbanización junto a unos amigos y su compañero, tratando de huir de la monotonía que se había instalado en sus vidas o quizás buscando remediar lo que ya no podía.

Sus días, sus noches no eran lo que fueron, sus mañanas ante el espejo se habían convertido en preguntas sin respuesta y tras cada madrugada, amanecía con prisas huyendo de la nada.

En su ciudad, su entorno totalmente tópico, era el abrigo habitual de la chica modosa de buena gente, a la que nada faltaba y que, hasta no hace mucho, ella misma se ufanaba de haber tenido cuanto quiso. A la postre, hasta a su vida había llegado el amor, a modo de “edulcorante”, a “gusto” de todos.

jaula-3Una jaula dorada, que sin saberlo, la dejó al margen de cualquier emoción sin poder evitar que poco a poco, según despertaran sus ojos de mujer, llegarían preguntas que no podría contestar ese entorno. El universo de pasiones del orbitante exterior, hervía curiosidades comenzando a brotar a su alrededor, acostumbrada a un mundo “plano” de sensaciones.

Todo se le  venía abajo mientras descubría la verdadera persona que emergía. Su trabajo se transformó en su escape más amable; pero ya no soportaba aquellas salidas repetitivas a los mismos lugares asépticos, con las mismas gentes a juego, que fueron su condena más palmaria. La que parecía ser la pertinente “máquina bien engrasada de su vida”, chirriaba, se descomponía en piezas que comenzaban a no encajar entre sí.

Este fin de semana, lejos de lo cotidiano, no fue otra cosa que la última huida. No era quien fue y no podía mantener más una apariencia que la destruía. Sin comunicación alguna, la sensación de vacío hasta el extremo de la decepción, le pedía escapar.

Ya no podía olvidar la noche cuándo, increpada por su pareja por la atención prestada al piano de Scarlett y a aquel hombre que la acompañaba en el piano bar, le hizo quedarse sola, sentirse liberada por primera vez. Entonces recordó:

“- Es apasionante esta música ¿no…?, este instante… ¿Cómo lo vives…?

– Contemplándote…, no hay otra forma… – le dije, tras un breve silencio enfrentado a sus ojos.”

Nadie se lo dijo nunca de esa forma. Nunca se había sentido “contemplada” y menos con aquella mirada. A nadie pidió nunca que la llevara con él. Imposible dejar atrás su primera emoción.

“- Nunca…, nunca…, había llegado hasta aquí… ¿Dónde estabas…?”

Tras la huida del hotel, el regreso a su ciudad se convirtió en un tormento diario. No sabía con quien había estado, donde vivía ni cómo encontrarlo. Había pasado en pocas horas del hastío de una situación, a la melancolía de una soledad que presentía sin remedio.

piano bar-1Unos días después, junto a una amiga, llena de recuerdos que no la abandonaban ni en los más mínimos detalles, decidió volver a la costa, al mismo sitio donde descubrió las emociones que ahora la ataban.

Entre no mucho público, Scarlett, la cantante de blues la reconoció cuando se acerco a su piano.

– Hola Paula… ¡bienvenida…! ¿otra vez por aquí? – la saludó la cantante.

– Me reconforta escucharte…, me llena de sensaciones maravillosas. He venido a revivir momentos con tu música. ¡Hola…!

– ¿Y tu amigo…?

-Nada sé de él, simplemente aquella noche nos despedimos…, de alguna manera. ¿Viene por aquí…? – aprovechó la ocasión para preguntar lo que quería saber.

– No, no…, no lo he visto más. Puede que lo haga – contestó Scarlette consciente de la situación.

En silencio, sin poder hablar siquiera con su amiga, absorta en el pasado reciente mientras bebía un escocés al que no estaba acostumbrada, sus ojos se humedecían cuando la cantante quiso regalarle las mismas canciones del viejo Ray Charles de aquella noche, abundando en su melancolía.

Al rato, no pudiendo aguantar más en el escenario de sus recuerdos, sacó un pequeño papel de su bolso, donde tras anotar unas palabras se lo entregó a la pianista.

– ¿Te importaría dárselo si algún día viniera?. Gracias Scarlett, gracias por todo.

– ¡Adiós Paula, ya verás…, nos veremos! – Se despidió animándola mientras cantaba “I Can’t Stop Loving You”.

Cala-SiretAl otro lado, en el levante, para él había pasado también un tiempo de todo aquello, aunque no lo suficiente como para borrar de su memoria tanto vivido, aún en tan pocas horas.

Paula, sin proponérselo, dejó huellas indelebles en aquel hombre, convirtiéndose en algo a lo que ya no podía renunciar. La distancia no era más grande que su nostalgia y decidió visitar de nuevo a Scarlett, su amiga pianista del bar donde se conocieron. Un fin de semana que se anunciaba no menos tristón que otros, decidió revivirlo en aquel mismo lugar, entre aquella música de ausencias.

Sentado de nuevo junto a su amiga mientras cantaba, Bob el camarero, se acercó con un par de copas que dispuso sobre el piano.  Scarlett entonces, dejó una pequeña nota de papel bajo su vaso. Fue cuando le dijo:

“- Hace un par de semanas, estuvo aquí… – me decía ante mi asombro, mientras proseguía – Me dejó esta nota, por si algún día vinieras…”

Un pequeño papel con un número de teléfono y a continuación su nombre: Paula.

Su llamada fue inmediata  y a las pocas señales, el “tacto”, de su voz era inconfundible.

“- ¿Si…? – la reconoció.

– ¿Paula…? – preguntó nervioso, como supo…

– ¿Tu…, tu…? Dime que eres tu… ¡por fin…, dime que eres tu…! ¡Dímelo…!”

Esa noche apenas pudo conciliar el sueño y tras descansar tan solo unas horas, totalmente excitado, dirigió su viejo coche en dirección a la ciudad de las nieves, de la montaña roja. Paula lo esperaba.

Habían quedado en verse en un viejo clásico hotel en el centro de Granada que él solía frecuentar desde años y donde se encontraba cómodo, a “tiro” de casi todo.

Bhotel-2uscando el rincón más anónimo posible, ocupó una mesa en un patio interior “iluminado” de azulejos andalusíes acristalado, donde esperaría su llegada con el nerviosismo de un adolescente.

Todavía seguía preguntándose  por su comportamiento como un muchacho en su primera cita y sin terminar de entender aquella noche, “perdida la brújula y desmotivada”, que cambió su vida instalándolo en tanta fascinación como inseguridad.

Expectante a través de las cristaleras del acogedor patio, se disparó su corazón latiendo enérgico e incontrolado, cuando vio aparecer por la puerta del hotel la proporcionada y armoniosa figura de Paula, irrumpiendo en todos los horizontes de su percepción.

Al levantarse, ella también a través de los ventanales,  adivinó su presencia y con prisa indisimulada corrió a su encuentro.

Uno frente a otro en hermoso silencio contemplativo, mientras se miraban sin parpadear, extendieron sus manos uniéndolas con fuerza inimaginable. Sin palabras, sus ojos anidaron unos en los otros, incrédulos de haberse encontrado de nuevo.

Fueron solo segundos, tras los que se fundieron en un beso tan tierno como apasionado, en un abrazo tan deseado como celebrado. Todo se hizo magia de nuevo.

PAÑUELO-4Él, sacó de su bolsillo el pañuelo que lo acompañaba desde su marcha y apartando el pelo de su desnudo cuello, se lo anudó mientras decía:

– Así te conocí…, el único testigo de tu adiós, del que no me separé nunca; así te quiero reencontrar de nuevo, preciosa Paula…

Ella, sin poder evitar que su ojos se humedecieran, lo besó dulcemente  dejando caer su cabeza sobre sus hombros, mientras reconocía de nuevo el poder de las emociones de la mano de este hombre.

Tras hablarse de todo, y tomar algo allí mismo , no había otro destino donde refugiarse que su intimidad. Subieron a la habitación y tras “sellar” la puerta, todo transcurrió sin prisas, con dedicación al instante. El modesto “mini bar”, dio de si lo suficiente para evocar aquel par de copas, la noche que se conocieron.

Pero aquí también todo fue diferente. El encuentro se tornó colisión de dos astros, que  en la misma órbita, quisieron ser actores de un “big bang”, de ternura y entrega sin pudor. Solo para sus sentidos.

Se perdió la noción del tiempo y durante el resto del fin de semana, como adolescentes, pasearon por la vieja medina y el barrio colgado sobre el río Darro, con los ojos en los ojos y las manos en las manos, denunciando lo posible de lo imposible.

Rincones en los que jamás se detuvo, las viejas fuentes y orillados paseos junto al hilo de plata que corría buscando el Genil al pié de la fortaleza palaciega, Paula parecía reconocer por primera vez, de su voz y de su mano, el entorno embrujado en el que siempre había vivido  sin apreciarlo nunca, sin emoción alguna hasta este día.

teteria-4Tras tomar en sus brazos un té encantado en una sórdida “tetería” de “las mil y unas noches”  en la que ella no hubiera entrado jamás, tarde ya, pasmados por la iluminación de la ciudad redescubierta, llegaban al viejo hotel cansados, pero dispuestos a su entrega final, en un mágico y corto viaje de repetitivo trayecto, que desearon sin fin.

Buscando el sueño, Paula no dejaba de repetirse, el no poder ya entender una vida sin él. Él, durante un rato sin poder dormir, se sintió arrebatado de miedo por tanta hermosa y desconocida novedad.

Llegada la mañana en la que tenía que marchar, Paula se aseguraba de volver a verlo el próximo fin de semana y así hasta que pudieran, quizás, unir sus destinos.

Él se despidió diciéndole que tenía que volar esa misma semana a Londres y que al regresar estarían juntos. La despedida se volvió angustiosa, tal era el deseo mutuo de estar juntos.

Al partir, sin que Paula lo advirtiera, el hombre colocó en el bolso de la joven una breve carta, que en su insomnio preocupado de la última noche, escribió para ella.

Pasaron dos días extrañada por no tener una llamada suya, antes de que la joven advirtiera la existencia de aquel mensaje.

Querida Paula,
Ante lo más hermoso que me ocurrió nunca, tengo miedo.
Tengo miedo por ti, por ambos.
Apareciste en mi vida, rompiendo todos los esquemas de mi madurez.
Yo, en la tuya totalmente inexperta, como una emoción desconocida.
Tengo miedo Paula.
Casi podría doblarte en edad y no sabes del mundo que puede sorprenderte de nuevo.
Tienes derecho a conocerlo, de volar sola si así lo decidieras, aunque para mi fuera terrible.
El próximo viernes vuelo a Los Ángeles, donde estaré tres meses sin comunicarme contigo.
Justo, pasado ese tiempo, si soy quien quieres todavía a tu lado, sabrás donde encontrarme.
Te querré siempre.

mujer llorando-1Paula nunca había llorado sin lagrimas, pero antes tampoco sintió su alma, su corazón encogidos de tanto dolor y frustración, cuando todavía el tacto de su piel y su voz, estaban presentes en cada instante de su imaginación.

Su juventud y su pasado ajeno a la realidad del verdadero mundo inmediato, le hacían esta vez victima de los miedos de aquel hombre igualmente sorprendido y desarmado.

Pasó el tiempo, y justo a los tres meses de su viaje a Los Ángeles, regresaba al aeropuerto de Málaga tras un largo y preocupado vuelo, desesperanzado.

Realmente nada había cambiado para él. Seguía prendido en el recuerdo de aquella joven e instalado en los miedos que lo llevaron a su alejamiento, la seguridad y lo mejor para ella.

Tan cerca de aquel piano bar de su primer encuentro, no dudó un instante de dirigirse allí y tal vez pasar el fin de semana tratando de superar todo, mientras pasaba unos días libres antes de volver a su trabajo. Un “rent a car”  lo llevaría hasta el hotel en Puerto Banus.

Tras ligera cena en una terraza junto al puerto, dirigió sus pasos a la escondida y estrecha calle donde Scarlett y su piano, entre blues, consolaban las soledades de muchos. El cielo estaba estrellado y esa noche le pareció tan delicado como las flores.

Un ambiente agradable, con más publico de lo habitual, colaboraría a despejar su aislamiento seguramente, pensó al entrar al local.

Bob, el camarero, el chico de la cantante, lo reconoció de inmediato preparando ya su copa mientras sonriente lo saludaba al verlo de nuevo.

Ambos se acercaron y con un pequeño abrazo sentenciaron la alegría de encontrarse.

piano bar chica-3No pasó mucho tiempo sin que Scarlett, advertida de su presencia, le dedicara una hermosa sonrisa con un gesto para que fuera al piano junto a ella.

Tras saludarse, al tiempo que tocaba, regaló al aire un pequeño beso dirigido al  recién llegado, que sonriente pero sin poder disimular su melancolía, se instaló junto su “amigo el escocés”, en la escucha de los viejos blues que iba desgranando la cantante en su voz.

¿Y si no la hubiera conocido jamás…? – pensaba, sin escape de su recuerdo.

Pero lo que fue…, nunca podrá dejar de haber sucedido – se rindió.

En ese instante de improviso, Scarlett sorpresivamente, inició una balada tan diferente como inesperada y mirándolo intencionadamente, cantaba mientras le sonreía feliz, :

I’d like to see you, thought I’d let you know         (Me gustaría verte, pensé en avisarte…)
I wanna be with you everyday…                             (Quiero estar contigo todos los días)
Cause I’ve got a feeling that beginning to grow  (Siento algo que está empezando a crecer)
And there’s only one thing I wanna say…            (Y solo hay una cosa que quiero decir)

Atónito, sin entender la intención y expresión gozosa en la cara de la pianista, ella seguía cantando la hermosa canción mientras lo miraba.

She left me a long note when she left me here  (Me dejó una  nota cuando me abandonó)
Told me that love was hard to find                      (Me dijo que el amor era difícil de encontrar)
But baby it’s easy and I’ll make it clear               (Pero baby, es fácil y lo dejaré muy claro)
That there’s only one thing on my mind             (Hay una sola cosa en mi mente)

Scarlett, mirando por encima del hombro de su amigo dispuesto de espaldas a la entrada del local, provocó que éste girara la cabeza.

Paula sonriente con toda su luz, se abría paso entre las mesas llegando hasta ellos, hasta ese hombre que jamás pensó que volvería a verla, un viernes como el de su partida, a justo tres meses de su separación.

Bob desde la lejanía sonreía feliz, mientras Scarlett cantaba y cantaba entusiasmada.

I’m ready…, to love you                 (Estoy preparado para amarte)
I’m ready…, to hold you                (Estoy preparado para abrazarte)
I’m ready…, I’m ready                    (Estoy listo, listo…)
Ready as I’m gonna be…              (Estoy más listo de lo que jamás estaré…)

“I´m ready”,  la delicada balada del canadiense Bryan Adams en la voz de Scarlett y su piano, se abría camino en el mundo imposible, acomodando tanto amor.

“I´m Ready”.  Bryan Adams

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