EL PIANO de Scarlett (2)

“My tears have stopped falling…”

puerto banus-5
No había pasado todavía suficiente tiempo como para olvidar el día en que aquella mujer, mientras dormía agotado, abandonó la habitación del hotel en el “artificioso” Puerto Banus donde pasamos la noche quizás más especial de nuestras vidas, sin dejar más señal que sobre una mesita del cuarto, el pañuelo que anudado a su cuello llevaba la noche que la conocí y que no parecía haber sido un olvido.

Si, aunque había pasado ya un no muy largo periodo de todo aquello, no lo suficiente como para borrar de mi memoria tanto…, en tan poco tiempo.

Después de aquella cerveza en la terraza de un bar donde confundí  mis deseos de reencontrarla con la realidad obstinada: “aquella chica no era ella…”, me quedé solo con ese pañuelo entre mis manos y el típico vacío  que produce la desorientación a un hombre sorprendido por el insólito hecho de la inesperada “aparición”, un día cualquiera en una perdida noche como otras tantas posibles…, pero que en esta ocasión dejó huellas indelebles y más que eso, sin poder explicarme porqué era algo a lo que concebía no poder renunciar.

piano bar chica-3Había decidido visitar de nuevo a Scarlett, mi amiga pianista de Puerto Banus donde nos conocimos al abrigo de su música, total…, el fin de semana se presentaba redundantemente tristón, sin mucho sentido y pensé que un pequeño viaje para revivir aquel instante en el mismo lugar, aquellos “blues”…, me distraería. Era temprano y la distancia nada importante.

Si conseguía apaciguar mi espíritu con la voz de la pianista y la contemplación una vez más de su hermosura, ayudado con algún que otro escocés, quien sabe…, de la capacidad de la noche para restañar heridas.

Inevitable, una vez más  “I Can’t Stop Loving You” en el reproductor, decidí tomar la ruta de la costa donde mi coche y yo iríamos acompañados la mayor parte del camino por nuestro viejo amigo el mar, que tanto guarda de mi y tanto sigue empeñado en ser la estela de la hélice de mi vida sin más rumbo que el dictado de la ultima ternura o diablura…,  en cualquier camino por quimérico que fuera y que despertara mis sentidos empeñados siempre en lo imposible, que aún efímero …, valdría por cualquier toda una vida “voluntariosamente” desapasionada.

Pasados algunos artificiales océanos blancos sin límites entendibles, recordé el antiguo viejo rompedor mosaico original de aquellas tierras sin plásticos, paleta de acuarelas, diversidad de cuadriculas con las tonalidades de los diferentes cultivos, que conforme trepaban hacia la montaña, iban verdeando faldones, vistiendo y engalanando las laderas lujuriosas de la Alpujarra en su vertiente más oriental.

PAÑUELO-4Tanta belleza me hizo recordar, que al otro lado de la lejana pero imaginable Gran Sierra, en el valle donde duerme Granada…, allí en algún lugar estaría aquella mujer que caló tan hondo en mí en tan breve tiempo, en aquel piano bar de “blues” perdido en un modesto rincón de Puerto Banus y que esa madrugada, abandonó la habitación del hotel de puntillas…, sin más adiós que un pañuelo de atractivos azules, abandonado sobre una mesa a modo de “recuerdame…”.

No podía dejar de pensar en esa noche en el garito donde nos “tropezamos”. Aquellas dos parejas que llegaron y tras acomodarse en la barra, mientras yo disfrutaba de la música de Scarlett, parecían haber arribado, más matando su hastío o a discutir lo irremediable, que a disfrutar del ambiente, si bien seguramente incapaz de arreglar nada.

Cuando ella, ya sola, se acercó hasta el piano donde me encontraba sentándose a mi lado y hablándome directamente, en ese instante quizás podía haber imaginado tratarse de una “escaramuza” personal de desavenencia o conveniencia con la persona con la que llegó y quizás jugara en algún sentido con la oportunidad de mi “aparición”. La verdad…, no tuve tiempo para pensar ni eso ni nada, tras el “impacto” inesperado de su voz y su mirada.

Pero transcurrido un tiempo, todo pareció cambiar…, como si de repente nos conociéramos más de lo esperado y nos supiéramos perdidos en la mitad de la nada, con los ojos enfrentados…, vislumbramos la luz de salida de un imaginario y largo túnel donde hasta ese momento pudieran haber discurrido nuestras vidas…, desde siempre o tan solo esa noche.

Salobreña recortada

Mientras conducía contemplaba el magnífico paisaje de la costa subtropical, con sus pequeñas poblaciones apuntaladas en los acantilados, en la misma lengua del agua, donde se derraman las estribaciones de Sierra Nevada, esta vez entregada al mar, pero hermoseando al igual que cuando corona el valle de la ciudad mágica.

Hubo momentos, en que tuve la tentación de quedarme por alguno de estos singulares lugares, donde seguramente, alma y cuerpo, serian capaces de escapar de esa cárcel de recuerdos que me prendían, quizás abriéndome a otra voz, otros brazos…, quién sabe a que…

Pero había algo que lo impedía en mi pensamiento en lucha constante. No lograba entender como podía sentirme tan atrapado por el recuerdo de aquella mujer…, por una mirada que aún en mi retina, no dejaba de ser una más que llenó aquella noche, como tantas otras veces pudo ocurrirme…, ¿cuál era la razón de esa inexplicable atracción y dependencia?.

Con la carretera como único horizonte, iba recordando con claridad desde aquel pequeño y cariñoso beso, cuando se sintió contemplada por mi mirada insistente o cuando bailábamos cada vez más abrazados, entregados a lo que emergía sorpresivamente, sin más que una solución…, cuando la oí decir:

          “- Llévame…, llévame esta noche contigo…”

Llegaba constante a mi percepción el recuerdo de su apetito infinito…, mi incapacidad de saciarlo hasta rendirla abatida en mis brazos. Todo discurriendo entre el esplendor de los sentidos…; su voz murmurando dejaba escapar cada instante lo que parecía no haber dicho jamás, por rubor…, o por falta de pasión tan irracional como  la que siempre deseó y nunca pudo conocer.

Daba la sensación, que como una botella de cava descorchada sin habilidad…, sus palabras cada vez menos pudorosas, más atrevidas…, escapaban de su boca como la espuma incontrolada de la bebida liberada.

BESO-1Mientras…, entre susurro y susurro, apagaba sus besos en cada rincón de mis deseos…, sintiéndose libre… ¿el efecto de unas copas…, o la verdadera necesidad de sentirse ella misma por unos momentos fortuitos, que imaginaría irrepetibles?.

No, no podía olvidar aquellas palabras:

          “- Nunca…, nunca…, había llegado hasta aquí… ¿Dónde estabas…?

Inesperadamente, el eco persistente de su sedosa voz en mi cabeza, desde la primera ocasión que se dirigió a mi hasta el ultimo susurro de su gozo entre mis brazos…, me hizo entender la razón que me llevaba a no poder borrarla de mi mente…, y no…, no fueron sus besos, tampoco su cuerpo de perfecto cincelado, ni su deseo insaciable y voraz…, no…, no.

De súbito, supe que fue su voz quien me prendió…, el “tacto…”, el “tacto” de su voz que me “tocó” desde sus primeras palabras, de la tristeza y ternura que escondían sin conseguirlo…, de su gozosa liberación posterior en mis brazos, de sus palabras sin rubor alguno en mis oídos en el momento más álgido de su entrega…, su voz, impactante…, el “tacto” de su voz…, fue lo que me atrapó.

A partir de este instante, me sentí más tranquilo, liberado…,  más dueño de mi mismo, más capaz de controlar mis sentimientos, desde el momento que descubrí la razón de mi fragilidad.

Ahora seguía hacia mi destino mas dueño de mis voluntades, con la seguridad de que ocurriera lo que ocurriera, Scarlett y su piano no me amargarían la noche con evocaciones del encuentro pasado, al contrario…, tranquilo gozaría de los recuerdos en su justa dimensión, con toda la efímera hermosura del momento…, muriendo y resucitando de amor, cada instante, con cada sorbo de mi escocés…, con cada canción de mi amiga Scarlett y su viejo Bechstein de “media cola”.

Caída la noche y tras haber tomado un bocado poco antes de llegar a Málaga, arribé a Puerto Banus, dirigiéndome directamente al mismo hotel donde estuvimos aquella noche tan especial. Tranquilo y más dueño de mi mismo, tras una ducha refrescante, me dirigí a pié al local donde en su entrada todavía estaba la publicidad de la hermosa pianista de voz quebrada y la promesa de la mejor “live music”.

Lo primero que vi al entrar es que había más gente que en aquella otra ocasión. Scarlett tocaba su piano, prácticamente rodeada de un publico complacido  y apenas adiviné un hueco, para poder saludarla y sentarme a su lado.

piano bar-2Decidí quedarme un tiempo en la barra contemplando el ambiente, cuando alguien toco en mi hombre. Al volverme reconocí a Bob el camarero y chico de Scarlett, que con un saludo muy amable, alegrándose de mi presencia, me interpeló:

– Buenas noches amigo…, me alegra  verte… ¿sabe Scarlett que estas aquí…?

– Hola…, que tal Bob…, no…, no lo sabe – contesté – está muy solicitada. Tomaré algo aquí mismo en la barra haciendo tiempo hasta que pueda acercarme a su piano, saludarla y escucharla un rato…, a lo que he venido – le confesé mientras nos dábamos la mano.

Sin dar tiempo a nada, sin preguntar siquiera, Bob me sirvió el “balvenie”, que sabia solía beber, a la vez que confesaba mi alegría de volver a verlos, como mi decisión de venir a pasar un rato de buena música entre amigos.

Inesperadamente observe como desde lejos, Bob, llamó la atención a Scarlett a la vez que me señalaba. Al verme la bella pianista me regalo una maravillosa sonrisa al mismo tiempo que levantaba su mano hacia mi, a modo de saludo.

-Has venido solo…? – me preguntó Bob.

– Si…, solo – conteste prosiguiendo – a este lugar hay que venir solo porque es sitio “encantado” de apariciones sorpresivas…, fruto de la magia de la música de tu chica…- sonreí.

– ¿Y aquella chica…? – me preguntó con cierta curiosidad premeditada.

– Desapareció aquella misma noche…, ocurre a veces…¿no…?

Bob me sonrió y atendiendo un gesto de Scarlett, me dijo:

– Me señala un lugar a su lado junto al piano, para que vayas y me pide dos copas…, vamos y las preparo…

Busqué la mirada de la joven pianista y sonriendo como siempre, comenzó a interpretar mientras me observaba, la que sabía  una de mis canciones favoritas “Georgia in my mind”…, logrando conmoverme, sentirme desarmado por los recuerdos que derramaba.

Bob me hizo una señal para que lo siguiera y llegando al piano, habilitó un taburete justo al lado de su chica “cantante”. Con una palmada en su brazo, le agradecí el gesto.

– ¿Tomareis los dos lo mismo…? – preguntó el amable muchacho, a lo que asentimos con un gesto.

Mientras escuchaba su  hermosa voz rota “blusera”, de nuevo perdí el control que creía recuperado, apareciendo toda ella en mi mente, cuando en un instante exactamente igual…, en aquel mismo lugar, me impacto su voz por primera vez:

          “- Es apasionante esta música ¿no…?, este instante… ¿Cómo lo vives…?

          “- Contemplándote…, no hay otra forma… – le dije, tras un breve silencio enfrentado                a sus ojos”.

dos vasos de whisky-2Bob, al poco tiempo, se acercó con nuestras  copas, que al dejarlas sobre el piano, Scarlett le hizo un gesto deteniéndolo mientras que de entre un libreto de partituras, sacó una pequeña nota de papel que colocó bajo mi vaso.

Me extrañó el gesto y sin llegar a comprender el porqué ni su posible intención, Scarlett me decía:

– Hace un par de fin de semanas, acompañada de otra chica, estuvo aquí y preguntó si habías venido o venias habitualmente… – me decía ante mi asombro, prosiguiendo – me dejó esta nota, por si podía hacértela llegar…, no se porqué, imaginé que vendrías…

Lo primero que hice fue dar un beso a Scarlett, mientras de lejos Bob sonreía seguramente conocedor de lo acontecido. Después…, bebí un largo  trago, cuando de repente, otra vez mirándome a los ojos la hermosa pianista…, comenzó a entonar ante mi sorpresa, un viejo “blues”, que encantado en su voz, confesaba:

“Together again
My tears have stopped falling
The long lonely nights
Are now at an end…”

Excitado, abrí la nota, donde escuetamente aparecía un número de teléfono y a continuación, un nombre: Paula.

hablando por tlf-1Miré a Scarlett, locamente agradecido y con la mayor celeridad que pude, salí a la calle buscando el silencio.

Nervioso, acertando con dificultad sobre el pequeño teclado del móvil, logré finalmente marcar aquel numero. A las pocas señales de llamada, pude gozar de nuevo el “tacto…”, sedoso de su voz…

– ¿Si…? – contestó a la llamada, reconociéndola fácilmente…

– ¿Paula…? – pregunté ansioso, como pude…, cuando le oí decir…

– ¿Tu…, tu…? Dime…, ¡Dios…, dime que eres tu…! ¡Dímelo…!

 

“Together again”, by Ray Charles.

6 comentarios en “EL PIANO de Scarlett (2)

  1. Increíble! Como todo lo que haces. cada día estoy más agradecida a la vida por ponerte en nuestro camino. Tener un genio como PADRE es un lujo que muy pocos tenemos. Continúa llenando nuestra imaginación de cosas brillantes. Te quiero en todos los tiempos del verbo

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